El recuerdo de personajes que hicieron historia

Por: Jesús Gonzalo Martínez C.*

Cada uno de los días del mes de diciembre han transcurrido en entornos de entusiasmo y expresiones de festividad, pero también lo ha sido un mes que ha brindado la oportunidad para cruzar la mirada sobre aquellas páginas de la historia cargadas de recuerdos,  no buscando hallar  allí las particularidades del carácter alegre y festivo de los rionegreros y su disposición para darle sentido y disfrutar de las fiestas de fin de año,  sino tratando  de husmear en la memoria de aquellos personajes que en vida escribieron bellas páginas de vida y de entrega al servicio de la humanidad y que al terminar el año fueron motivo de congoja y consternación en el triste momento en que su corazón dejó de palpitar para este mundo y su mente dejó de producir luz para el camino de la vida.

Tres personajes aparecen en los últimos días del año en esas crónicas de dolor, Gustavo de Jesús Quintero Morales, Joaquín Vallejo Arbeláez y Monseñor Juan Manuel González Arbeláez. Si bien este último no murió en diciembre, sí fueron los días de su dolorosa liberación del terrible cáncer en sus huesos que apenas en tres meses después de habérsele descubierto provocó su muerte el 4 de enero de 1966, hecho que tuvo ocurrencia en Roma; la población, pendiente cómo había estado de la salud el santo pastor de la Iglesia, decidió suspender las fiestas de fin de año  para vestirse de luto y disponerse a recibir y darle santa sepultura al cuerpo ya inerte de su padre “Juan”. 

«El Loko», apodo con el que se hizo popular Gustavo Quintero Morales, considerado uno de los más destacados practicantes y representante de la música tropical colombiana, dejó una huella de dolor en las páginas del mes de diciembre enlutando las fiestas de las que había sido el gran protagonista en esta ciudad, apenas faltando 8 días para la inauguración de las mismas, el 18 de diciembre, la ciudad recibió la triste noticia de muerte de su Loko más alegre y festivo, aquel que le había entregado su corazón y puesto a palpitar cuando convertía la Plaza en el escenario de vibración de una cultura matizada de explosiones emotivas, fraternidad y entusiasmo; su muerte fue causa de un cáncer de estómago, mal del que fue asistido en la Clínica Las Américas de Medellín, centro hospitalario al que correspondió comunicar la dolorosa noticia en la antesala de los momentos en los que su canto le ponía el toque mágico a las euforias decembrinas. El cantautor de todos los tiempos nació en esta ciudad el 23 de diciembre de 1939 y dejó de “lokiar” para el jolgorio popular el 18 de diciembre de 2016.

Al ocultarse el último rayo de sol del año 2005, es decir, hace 20 años, el brillo de la inteligencia del doctor Joaquín Vallejo Arbeláez dejó de proyectarse para este mundo; ese momento marcó el final de una generación de rionegreros brillantes e ilustrados que con esmero y consagración habían caminado por senderos de luz convirtiéndose a su vez en faros que señalaban los mejores destinos para Colombia, personajes que no ahorraron esfuerzos y energías, no temieron  a las dificultades, que con sapiencia enfrentaron los conflictos y las encrucijadas y tuvieron las mejores ideas para impulsar el bienestar colectivo del pueblo colombiano.

El doctor Joaquín Vallejo Arbeláez fue un hombre de vida prolífera en los campos de la ingeniería civil, el empresarismo, la economía, la educación y la escritura. Rionegro lo vio nacer el 4 de octubre de 1912, y conoció de su ascenso permanente en el liderazgo político, el conocimiento, el empresarismo, la educación, la escritura y también de sus preocupaciones por las dificultades económicas que obstaculizaban el ingreso de Colombia a los caminos del progreso. Su cuna fue la de una familia dedicada al comercio y el negocio de tierras. En la Escuela Nacional de Minas de Medellín obtuvo el título de Ingeniero Civil  en 1939, fue ese el momento en el que tomó conciencia de la gran depresión económica mundial y de sus consecuencias en los altísimos índices de  desempleo, altas tasas de interés, escasez de crédito y  falta de organismos bancarios internacionales con puertas abiertas a los países en vía de desarrollo;  esas condiciones lo influenciaron  de tal manera que con sabiduría se orientó a los desafíos del momento con gran originalidad y creatividad en los campos de la economía, la administración y la dirección de empresas, en los que dejó profundas huellas en la historia de Colombia. En realidad supo leer, asimilar e interpretar las dinámicas y condiciones de la economía internacional y hacer transferencia de esos conocimientos e ideas a la práctica de la economía nacional.

Fue hombre visionario y atrevido en las ideas, en 1935, estando aún en el aula de su formación, presentó la propuesta de creación de la carrera de Ingeniería Industrial como alternativa al desempleo de los ingenieros y como previsión al desarrollo industrial del país; en 1959, siendo parte del gobierno nacional, impulsó la estrategia con la que se pretendió  estimular a las empresas colombianas para elaborar productos y servicios que luego se enviaran y vendieran en el exterior pensando en la activación industrial, la generación de empleo y el aumento de divisas para  el país; aquella estrategia fue la que se denominó “Plan Vallejo”, una prueba de su creatividad en el campo económico, su crecida inteligencia  y su gran capacidad para liderar y responder a asuntos prácticos. 

Con el Plan Vallejo la industria nacional recibió un neumático de auxilio y una revitalización en sus ideales con aquello de trato preferencial en aranceles para la importación de materias primas para la fabricación de productos de exportación, lo que en la práctica significó un mejor nivel de competitividad en precios al reducirse los costos de elaboración. 

El Loko Quintero murió a los 76 años, el padre Juan a los 83 y Joaquín Vallejo a los 93. Fueron 252 años en tres hombres que marcaron sus huellas en la historia de la cultura nacional y robustecieron tres rasgos fundamentales de la identidad de esta señorial ciudad: religiosidad, humanismo y emprendimiento; 252 años en los que se escribieron muchísimas páginas de vida, experiencias, liderazgo, éxitos y fracasos y en las que aparece el carácter valiente, persistente, siempre en afanes de superación e ímpetus de entusiasmo y optimismo del rionegrero raizal.

* Bibliotecólogo y escritor rionegrero.

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