El legado que nos deja don Goliath Pérez Pulgarín

Portada edición de homenaje de El Gran Precursor. Imagen: Cortesía

La última entrevista concedida por el fundador de El Gran Precursor permite recorrer la vida de un hombre que dedicó más de cinco décadas al periodismo, la historia y el servicio comunitario, convencido de que contar la vida de los pueblos también era una forma de construir su futuro.

El 23 de abril de este año, don Goliath Pérez Pulgarín llegó hasta Rionegro para atender una invitación al programa Protagonistas, del canal regional Safari Televisión. Venía de uno de los recorridos turísticos que, durante sus últimos años, promovía con el mismo entusiasmo con el que durante décadas impulsó el periodismo, la cultura y la historia de su tierra. Saludó con la sencillez de siempre, se acomodó frente a las cámaras y comenzó a recorrer, sin afán, una vida dedicada a servir desde la comunicación.

Nadie imaginaba que aquella conversación terminaría convirtiéndose en la última entrevista concedida por quien durante más de medio siglo narró la historia de Nariño y del Suroriente antioqueño. El pasado 6 de julio, falleció a los 77 años el periodista, escritor e historiador que hizo de la palabra una herramienta para preservar la memoria colectiva y fortalecer el sentido de pertenencia de su comunidad.

Su partida provocó numerosas manifestaciones de reconocimiento entre colegas, instituciones y habitantes del Oriente antioqueño. Con él desaparecía una de las voces más representativas del periodismo comunitario de la subregión Páramo, pero permanecía una obra construida pacientemente durante décadas y un legado que hoy continúa vivo en las páginas de El Gran Precursor, en los libros que escribió sobre la historia de Nariño y en quienes aprendieron de su ejemplo que informar también significa cuidar la memoria de los pueblos.

Vocación y retorno al territorio

Durante la entrevista no hubo respuestas preparadas ni discursos solemnes. Don Goliath habló con serenidad, cercanía y una emoción que aparecía cada vez que recordaba sus primeros pasos en el oficio, “Goliath nace prácticamente con una estrella marcada en torno al periodismo. Desde muy pequeño comencé a escribir cositas, digamos, cositas románticas. Luego me fui a la vida real, a los problemas de la sociedad. Después descubrí que esa era mi vocación. Mi camino se encaminó hacia el periodismo y comencé en la radio”.

Aquella pasión lo llevó a trabajar en diferentes emisoras del país antes de llegar a la Oficina de Comunicaciones del Congreso de la República, experiencia que recordaba como la etapa que consolidó su formación profesional, “allí prácticamente hice mi mayor escuela. Después regresé a mi pueblo y seguí con la radio local y regional”. Ese regreso marcaría el rumbo definitivo de su vida.

Pudo quedarse en otros escenarios profesionales, pero decidió volver a Nariño porque entendía que su territorio necesitaba quien contara su propia historia. Allí participó en distintos procesos comunitarios, ejerció como concejal cuando esa responsabilidad era completamente honorífica y acompañó múltiples iniciativas orientadas al desarrollo del municipio.

Nunca hablaba de esos cargos para exaltar una trayectoria personal; los mencionaba únicamente como distintas maneras de servir. Quienes lo conocieron recuerdan que su mayor satisfacción estuvo en ver crecer a su comunidad. Sin embargo, la historia le tenía reservado uno de los desafíos más difíciles.

El nacimiento de El Gran Precursor

Entre finales de julio y comienzos de agosto de 1999, Nariño sufrió uno de los episodios más dolorosos de su historia reciente. La violencia dejó destrucción, víctimas, desplazamiento y una profunda fractura social. Durante la entrevista evocó aquellos días sin recurrir al dramatismo. Le bastó una frase para describir el ambiente que encontró después de la tragedia, “queda un pueblo desolado… una región donde nadie confiaba en nadie”.

Fue precisamente en medio de ese panorama cuando comenzó a gestarse una idea que cambiaría la comunicación regional. Recordó que, estando en Medellín, se reunió con el abogado y periodista Azael Carvajal Martínez y con el periodista Jesús Arboleda Orozco para conversar sobre la necesidad de crear un medio de comunicación escrito para Nariño. Aquella no era una iniciativa más; buscaban construir un espacio que ayudara a recuperar la confianza entre los habitantes. Él mismo lo explicó con palabras que resumen el verdadero sentido de aquel proyecto, “se trataría de poner en circulación un medio de información escrito que sirviera, en cierta manera, de orientación en la etapa de recuperación del tejido social de una comunidad que recientemente había sufrido las inclemencias de la violencia ocurridas en esta región, y salir en busca de nuevos caminos y alternativas para su desarrollo”.

Allí está la mejor definición de El Gran Precursor. No nació únicamente para informar, sino para ayudar a reconstruir el tejido social. Fue un espacio donde volvieron a encontrarse las historias de las familias, las instituciones, las escuelas, las organizaciones sociales, los campesinos, los artistas, las parroquias y los líderes.

El nombre del periódico tampoco fue fruto del azar. Don Goliath recordaba que decidieron rendir homenaje a Antonio Nariño, precursor de la Independencia y también periodista, al tiempo que retomaban una de las estrofas del himno del municipio escrita por Bernardo Toro Idárraga. Desde el principio, el proyecto quedó ligado a la identidad histórica de su territorio. La primera edición circuló a finales de octubre de 2003.

Con el paso de los años se consolidó un equipo comprometido. Azael Carvajal Martínez asumió la asesoría profesional, Óscar Alberto Morales Orozco la subdirección, Álvaro Goliath Pérez Aristizábal la coordinación general y Goliath Pérez Pulgarín la dirección y fundación del proyecto editorial. Lo que comenzó como una respuesta a una necesidad local terminó ampliando su alcance.

Las páginas de El Gran Precursor empezaron a llegar a otros municipios del Suroriente antioqueño y del Oriente de Caldas, registrando acontecimientos culturales, proyectos institucionales y hechos cotidianos que difícilmente encontraban espacio en los grandes medios. Años después, la Asamblea Departamental de Antioquia reconoció esa trayectoria al conferirle la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo, grado bronce.

Para don Goliath, sin embargo, el mayor reconocimiento era saber que el periódico había logrado permanecer cuando muchos proyectos similares desaparecieron por falta de recursos. Aquellas experiencias previas no lo desanimaron; al contrario, le enseñaron que un medio regional solo puede sostenerse cuando se convierte en patrimonio de su comunidad. Por eso hablaba del periódico como una obra colectiva, reconociendo permanentemente a sus compañeros. Nunca entendió el periodismo como un ejercicio individual; siempre creyó en el trabajo compartido y en la formación de equipos capaces de mantener viva la historia de los pueblos.

Guardián de la historia local

Su preocupación por el relevo generacional apareció varias veces durante la entrevista. Más que hablar de su propia trayectoria, le interesaba saber quiénes continuarían documentando la historia de Nariño cuando él ya no pudiera hacerlo. Entendía que la memoria no podía depender de una sola persona.

Por eso, además de informar desde la radio y desde el periódico, comenzó a reunir documentos, testimonios y fotografías. Ese trabajo dio origen a las publicaciones Nariño, 90 años de historia y, posteriormente, Nariño, 100 años de historia, obras que hoy constituyen una referencia obligada. Cuando hablaba de esos libros lo hacía como un ciudadano convencido de que las comunidades necesitan conocer su pasado para comprender su presente, “todos los pueblos necesitan su historia. Necesitan actualizar su historia”.

Última entrevista realizada para el canal regional Safari Televisión – Foto: Juan José Moreno

Era una frase sencilla que encerraba toda una filosofía de vida. Para él, el verdadero valor del periodismo aparecía con el paso de los años, cuando esos relatos se convertían en memoria para las nuevas generaciones.

Esa convicción también marcó su trabajo en la radio. Durante décadas acompañó la vida cotidiana desde los micrófonos de La Voz de Nariño, emisora de la cual fue fundador. Allí narró acontecimientos locales, promovió iniciativas culturales, impulsó campañas cívicas y abrió los micrófonos para que los habitantes compartieran las historias de su territorio.

Radio, prensa escrita, investigación histórica y trabajo comunitario fueron expresiones de una misma vocación de servicio. Convencido de que la historia, la cultura y los paisajes podían convertirse en una oportunidad para las comunidades, dedicó buena parte de sus últimos años a promover el turismo en el Oriente antioqueño. Participaba en recorridos y ayudaba a divulgar el patrimonio con el mismo entusiasmo de siempre. No era un cambio de rumbo, sino la continuidad de una misma forma de entender el servicio, si antes había contado la historia de Nariño, ahora invitaba a descubrir las regiones recorriendo sus caminos.

El pasado 6 de julio, apenas unas horas antes de su fallecimiento, condujo su tradicional programa radial dedicado a conmemorar los 113 años de vida administrativa del municipio de Nariño. Resulta inevitable encontrar un profundo simbolismo en ese hecho, sus últimas palabras públicas estuvieron dirigidas a recordar la historia del municipio que nunca dejó de amar.

Una mirada al futuro y mensaje final

Durante la conversación para Protagonistas hubo un momento especialmente revelador. Al preguntarle por el futuro del periodismo, prefirió centrar su reflexión en la responsabilidad de las nuevas generaciones. Manifestó su preocupación por el impacto que las redes sociales estaban teniendo sobre los hábitos de lectura en niños y jóvenes. Su inquietud no surgía del rechazo a la tecnología, sino de la convicción de que una sociedad que deja de leer corre el riesgo de dejar de comprender su propia historia.

Defendía el periódico impreso porque lo entendía como un espacio de reflexión pausada, distinto a la inmediatez de las plataformas digitales. Pero quizá su mayor esperanza estaba depositada en los nuevos periodistas. Habló con orgullo de quienes habían crecido profesionalmente alrededor de El Gran Precursor, mencionando con afecto a su equipo y, de manera muy especial, a su hijo, el periodista Álvaro Goliath Pérez Aristizábal, quien hoy ejerce como jefe de corresponsales del canal Teleantioquia. Recordó el momento en que su hijo le expresó el deseo de seguir su camino con la satisfacción de quien comprende que el verdadero legado de un maestro está en las personas que continúan su labor.

Invitó a las nuevas generaciones a interesarse por la historia de sus municipios, a leer, a investigar y a asumir la responsabilidad de preservar la memoria de los pueblos, convencido de que siempre existirán historias que merecen ser contadas. Hacia el final de la entrevista pronunció unas palabras que hoy adquieren un significado especial, “hemos venido haciendo una labor, estamos haciendo una labor y la seguiremos haciendo mientras Dios nos tenga con vida y con estos medios a nuestro alcance para darle la oportunidad a la gente de vincularse cada vez más a las cosas de la región”.

La noticia de su fallecimiento generó manifestaciones de pesar en todo el Oriente antioqueño. La Alcaldía de Nariño, organizaciones periodísticas, colegas y ciudadanos coincidieron en destacar la huella que deja un hombre que entendió la comunicación como una forma de educar y fortalecer la identidad regional.

Larga vida a El Gran Precursor

El 23 de abril tuve el privilegio de conversar con don Goliath Pérez Pulgarín para el programa Protagonistas, de Safari Televisión. Sin saberlo, aquella sería la última entrevista que concedería. Hoy ese registro adquiere un valor inmenso, no solo para quienes ejercemos el periodismo, sino para la memoria del Oriente antioqueño.

Aceptó la invitación con la generosidad que siempre lo caracterizó. Viajó hasta Rionegro para compartir, sin afán y con una enorme disposición, los recuerdos de una vida dedicada a servir desde la comunicación. Llegó dos días después de regresar de uno de los recorridos turísticos que venía promoviendo en distintos territorios, otra de las causas a las que entregó sus últimos años convencido de que conocer la riqueza de los pueblos también era una forma de fortalecer su identidad y abrir oportunidades para su desarrollo.

Durante la entrevista no encontré únicamente al periodista, al historiador o al fundador de El Gran Precursor. Encontré a un hombre sencillo, amable y profundamente humano. Hablaba con emoción de Nariño, de su gente, de la radio, del periódico y de los jóvenes periodistas con la misma pasión de quien seguía soñando con un futuro mejor para su región.

Gracias, colega Goliath, por su ejemplo, por su gentileza, por la confianza y por esa conversación que hoy se convierte en un legado. Mientras existan periodistas dispuestos a contar la historia de sus pueblos con el mismo amor que usted lo hizo, su obra seguirá viva.

Larga vida a El Gran Precursor. Y larga vida al legado de quien entendió que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio a la comunidad.

*Carlos Humberto Gómez, amigo y director del Periódico La Prensa Oriente.

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