Por: Carlos Humberto Gómez
X: @chgomezc
La frase ha aparecido durante el debate sobre la creación del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás como una advertencia frente a lo que algunos consideran una pérdida de control sobre los recursos de sus municipios. Es un argumento que merece un serio examen.
La discusión vuelve a tomar fuerza luego de que la Registraduría Nacional del Estado Civil reanudara el calendario electoral para la consulta popular que permitirá a los ciudadanos de La Ceja del Tambo, La Unión, El Carmen de Viboral, El Retiro, El Santuario, Guarne, Rionegro y San Vicente Ferrer decidir sobre la constitución del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás. La votación quedó fijada para el domingo 29 de noviembre.
Por eso vale la pena volver sobre una pregunta que hemos planteado antes. ¿Vienen por el agua? ¿De cuál agua hablamos?
Mientras una parte de la discusión se concentra en la posibilidad de que otros municipios quieran acceder a los recursos hídricos de un territorio, en algunos lugares ya existen dificultades para garantizar el suministro. Hay racionamientos y restricciones, incluso antes de atribuirlas únicamente a una temporada de menos lluvias.
El Carmen de Viboral puede servir como ejemplo. Allí se han documentado dificultades en acueductos comunitarios, con cortes, problemas de continuidad y presión sobre la infraestructura. A septiembre de 2026, el acueducto Cerro-Samaria mantiene un esquema de racionamiento que afecta a unos 2.300 usuarios, asociado a la reducción de lluvias y caudales. La E.S.P. La Cimarrona informó sobre racionamientos preventivos y estableció cortes nocturnos en la zona urbana.
En Sonadora y Las Garzonas, la situación muestra otra expresión de esa fragilidad. El acueducto comunitario que atiende a cerca de 1.200 suscriptores registra cortes, problemas de continuidad, quejas por turbiedad y dificultades frente al crecimiento de la población. Según los habitantes, es una situación de años que se agudiza por temporadas.
La pregunta no debería ser solamente quién podría utilizar el agua de quién, sino qué estamos haciendo hoy para garantizar el agua que necesitaremos mañana.
El agua no reconoce los límites administrativos. Una fuente puede encontrarse en un municipio y abastecer a otro. Una cuenca puede atravesar varias jurisdicciones. Las decisiones sobre suelo, protección de fuentes, expansión urbana, actividades productivas e infraestructura pueden tener consecuencias más allá del lugar donde fueron tomadas. Por eso es difícil sostener que todos los asuntos relacionados con el agua puedan resolverse desde cada municipio.
Esto no significa que la creación de un Área Metropolitana vaya a resolver por sí sola los problemas hídricos, ni que deba aceptarse sin discusión cualquier decisión que pueda afectar las fuentes de abastecimiento. Tampoco que las preocupaciones expresadas por quienes se oponen deban ser descalificadas. Si el agua es uno de sus principales argumentos, merece un debate serio y abierto.
La discusión en El Carmen de Viboral, por ejemplo, ha recogido preocupaciones sobre una eventual privatización del recurso y sobre la autonomía municipal, mientras otras posiciones plantean abordar conjuntamente asuntos ambientales y territoriales. Son miradas que forman parte del debate ciudadano y deben contrastarse con información suficiente.
Lo que no parece conveniente es convertir “vienen por el agua” en una conclusión antes de revisar, cuáles son sus condiciones, qué problemas existen ya y qué instrumentos tienen los municipios para enfrentarlos.
La nueva convocatoria vuelve a poner esta discusión en manos de los ciudadanos.

