El buen sabueso

Por: Juan Camilo Gallego, escritor y periodista

Él es Ricardo López Lora. Él es la Marrana. Él es Rober. Él es el paramilitar. Él es el buen sabueso.

Leí su nombre de nuevo en febrero en una noticia que pasó desapercibida. El Consejo de Estado condenó a la nación por ser responsable de la masacre de seis aserradores en El Retiro, responsabilidad de miembros de la policía, el Ejército, las convivir y los paramilitares. Sucedió el 14 de agosto de 1997 y López Lora se encargó de las muertes.

Medio año después, en enero de 1998, fue capturado en La Ceja junto a varios de sus hombres. Fue guerrillero de las Farc, por eso solía decir “yo huelo la guerrilla”. Tan bueno era su olfato que no solo fue responsable de la muerte de estos aserradores oriundos de San Luis, sino que también se encargó de la muerte de ocho personas de Sonsón en agosto de 1996, una masacre olvidada sobre la que ahora escribo un libro; y de la masacre, un mes después, de seis personas en el barrio Palenque en La Ceja. Pero su olfato no era el más fino.

En 1996 Vicente Castaño lo envió a La Ceja para conformar el Frente Oriente Antioqueño, un brazo más de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá, por petición de “personajes influyentes del Oriente Antioqueño”, como lo afirma la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín.

Recuerdo bastante aquellos años noventa en los que en el Oriente fue común la mal llamada “limpieza social”. En Guarne, Marinilla, El Santuario, Rionegro, El Carmen, El Retiro, La Ceja y La Unión fue común la presencia de este grupo liderado por López Lora. No lo hicieron solos. Recibieron la ayuda de la policía y del ejército, en cabeza del mayor Jesús María Clavijo Clavijo, del batallón de contraguerrilla Granaderos, y del mayor Álvaro Cortés Morillo, del batallón Juan del Corral.

En la detención a López Lora se le decomisó un beeper Motorola y allí la Fiscalía halló los mensajes que se enviaba, entre otros, con Clavijo y Cortés. Luego entrevistaron varios testigos que, coincidencia, fueron asesinados.

En el 2001, el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Antioquia dijo que el grupo paramilitar del Oriente no solo fue apoyado por comerciantes y ganaderos “con la finalidad de combatir a los grupos insurgentes, sino también de llevar a cabo acciones de “limpieza social” sobre personas consideradas por una parte de la población como individuos “indeseables” (“viciosos”, atracadores, cuatreros, violadores, entre otros)”.

Un sector económico y político llevó a los paramilitares al Oriente antioqueño y decidieron quiénes vivían y quiénes morían. Tenía tan buen olfato Ricardo López Lora, encarcelado en Itagüí, que se encargó de destruir familias que nada tenían que ver con el conflicto armado.

Es lamentable que a la Jurisdicción Especial de Paz –JEP- le hayan quitado los dientes para que allí fueran no solo guerrilleros sino también miembros de la fuerza pública y terceros civiles que patrocinaron el paramilitarismo y que decidieron en el Oriente la vida de cientos de personas.

Uno era el buen sabueso, visible y culpable, y otros sus dueños, invisibles e impunes.

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