Los pueblos indígenas en el Oriente antioqueño

La Prensa conoció de primera mano acerca de la situación de los grupos indígenas que habitan el Oriente antioqueño, por medio de este artículo escrito por Maritza Cartagena, en el que se habla de cómo ha sido la vida de esta población en una región que no ha reconocido su valor.

En Antioquia hay 5 pueblos indígenas Embera chami, Embera Eyabida, Embera Dobida, Senu y Guna Dule, agrupados en la Organización Indígena de Antioquia – OIA-, sin embargo en el departamento hay varias familias y personas indígenas que han llegado a la región del Oriente antioqueño por diversos motivos y que no se encuentran agrupados en esta organización, ya que no están en un resguardo reconocido por el Ministerio del Interior, ni son originarios del territorio.

Por su parte, en el artículo escrito por Maritza, se narra cómo es la vida de los indígenas en el Oriente antioqueño.

Apenas canta el gallo a las 6:00 a.m los indígenas Iku o Arhuacos prenden el fogón de leña para poner una olla donde se alimentarán 15 personas, y 5 grupos familiares que se han organizado en la Corporación Zaku Kwariwan “casa de pensamiento ancestral e intercultural”. Cuentan con casas tradicionales, acueducto comunitario, luz, y letrinas secas. Respecto a la escolarización, debido a una educación que estaba desarraigando culturalmente a los más jóvenes, decidieron en la primaria implementar un proyecto para fortalecer sus identidades llamado “educación como medicina”, en el 2016; y “Pedagogía del vientre”, en el 2017; sin embargo, los mayores de la comunidad decidieron sacarlos de la escuela Normal de Marinilla y ponerlos a estudiar el bachillerato virtual en la Universidad Nacional Abierta y a Distancia, -UNAD-.

Una comunidad en Marinilla

Es para muchos impensable que hoy los indígenas Arhuacos provenientes de la Sierra Nevada de Santa Martha estén en la esparta colombiana, soñando una propuesta de diálogo intercultural para los pueblos y la Madre Tierra, cuando ayer en el siglo XVI eran los ancestros Tahamíes quienes caminaban y sembraran  maíz y frijol en los territorios de Marinilla, el Carmen de ViboralRionegroEl PeñolLa Ceja, y Guarne.

Los indígenas Arhuaco o Iku, que actualmente residen en una comunidad intercultural en Marinilla, se asentaron con toda su familia en el territorio, y esto les ha permitido sostenerse culturalmente; además, tienen conocimientos en medicinas ancestrales que han compartido con la comunidad; dos de sus integrantes son egresados de un programa llamado Licenciatura en Pedagogía de la Madre Tierra de la Universidad de Antioquia; y crearon un espacio de diálogo de saberes que ha llegado al festival internacional de poesía con pueblos ancestrales del mundo, quienes estuvieron en la “casa madre” o casa de espiritualidad de la vereda Montañitas.

Esta comunidad que trabaja desde las plantas medicinales, piensa consolidar a futuro propuestas de educación alternativa basada en la Pedagogía de la Madre Tierra, además, tienen pequeños emprendimientos como pomadas, perfumes naturales y café orgánico, que les permite subsistir.

Ante la problemática de este grupo poblacional expresado anteriormente, en la actualidad no hay un diagnóstico claro de las demás personas indígenas en el Oriente antioqueño, algunos de ellos se inscriben en el cabildo urbano Chibkariwak, con sede en la ciudad de Medellín, pero se ven en un proceso de heterogeneidad cultural o asimilación por la cultura mayoritaria. Muchas de estas personas indígenas en la región sienten que son invisibilizados por los gobernantes municipales, quienes tampoco tienen claro este asunto.

La invisibilidad es desde la institucionalidad

Cabe resaltar que La Prensa se contactó con la Gerencia Indígena de Antioquia, para conocer cuáles de los municipios del Oriente cuentan con este grupo poblacional; sin embargo, según ellos, en la región no se encuentran identificados ni censados ningún grupo indígena.  La pregunta que nos queda es, si no saben ellos, ¿quién?

Actualmente la situación de los indígenas en Marinilla es incierta, no se tiene conocimiento de quiénes son, en qué veredas residen, pues además de los Arhuacos, se sabe que hay emberas, sinú, migrantes venezolanos del pueblo Wayuu, pero no hay diagnósticos claros que ayuden a orientar acciones concretas del trabajo en comunidades en Marinilla, ni en el Oriente antioqueño.

Si queremos tener una posibilidad de enfrentar esta gran crisis civilizatoria y este gran cambio climático debemos reconocer los derechos de los pueblos indígenas a la vida y a la diversidad, solo a través del intercambio entre pueblos podremos recordar la conexión primigenia a la tierra como madre y encontrar alternativas a los grandes cambios mundiales, pues la diversidad está en nosotros mismos”, expresa Maritza Cartagena.

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