Luis Miguel Báez Díaz, artista plástico de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Por: Luis Miguel Báez Díaz, baezdiazluismiguel@gmail.com

Desde hace algunos años ha encontrado en el Oriente antioqueño el lugar para inspirar su obra. Actualmente está residenciado en el municipio de El Carmen de Viboral; docente de la Universidad de Antioquia, seccional oriente, además ha estado vinculado a procesos formativos con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA), Comfenalco Antioquia, Colegio El Triángulo y la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá.

Naturalezas que renacen

“Imagínese un pueblo de gente ciega al color… ellos no tendrían los mismos conceptos de color que nosotros, porque inclusive suponiendo que no hablan castellano y por consiguiente disponen de todas las palabras castellanas de color, de todos modos las usarían de modo diferente al modo como lo hacemos nosotros… o si ellos tuvieran una lengua extranjera, sería difícil para nosotros traducir sus palabras de color a las nuestras”. L. Wittgenstein.

Luis Miguel describe su obra así: “La creación artística como una expresión típicamente humana tiene el privilegio de penetrar la realidad y de comunicarla acudiendo al poder de la imaginación, de la inteligencia y de la sensibilidad, así como el de intervenir sobre ella, dotándola de otras formas, matices y perspectivas. El filósofo alemán Arthur Schopenhauer reconocía el valor del arte por encima de la ciencia y de la misma filosofía. ‘Todo hombre -decía- que tenía a intención de comunicar la esencia de la naturaleza y de la humanidad debía recurrir al arte’. A juicio de Schopenhauer, la realidad con todas sus características, sólo es objeto de la percepción sensible y no puede comunicarse más que por la vía intuitiva que es propia del arte”.

La obra está compuesta por superficies que ofrecen interpretaciones diferentes, que invitan a reflexionar sobre lo vivido y lo que se proyecta en el diario devenir, a través de visiones panorámicas, que permiten diversas lecturas de la cotidianidad. Las pinturas hacen inminente el rasgo o hendidura que como un punto de fuga, una herida o un instante privilegiado de la percepción nos deja apreciar el fondo de un estado a la vez abstracto”.

“Creo atmósferas cromáticas que se yuxtaponen o entretejen en movimientos en el espacio, vibraciones entre el orden y el caos, curvas que se cierran en arabescos que hacen visible algo, sensaciones que conservan memoria. Alfabetos visuales, con un nuevo código para interpretar las relaciones entre forma, espacio y volumen, haciendo de la pintura un motivo conceptual, permeado por la reflexión”.

“Se trata de formas amorfas que se mueven en el espacio y en la intemporalidad, dotadas de sentido, de luces que mimetizan una realidad que se encuentra en el horizonte y que exige ser descifrada por el observador mediante el cruce de la imaginación, la intuición y la introspección personal. Mi papel de artista, me permite revalorar la imagen natural, considerándola valiosa y relevante para usarla como modelo, un proceso de reciclaje propio del arte moderno”.

“Fragmentando el tiempo, proyectando sensaciones en un escenario abierto y posible para el sueño y la especulación del imaginario”.

“Estos postulados abstractos de movimientos lúdicos se desplazan por nuevas sendas hacia el espectador, invitándolo a formar parte del proceso creativo y a construir una nueva realidad, a través de pulsaciones del inconsciente que se transmite en un acto humano, reflejando ordenamientos de imágenes que se sobreponen en un mapa de color. El gran reto del artista es poder recrear esa constante transformación de la naturaleza, mezclando sensaciones cotidianas del entorno. Su producción se convierte en una actualización y una diseminación de recuerdos inconscientes, percepciones intuitivas captadas en el presente y de la posibilidad de ir más allá, de ver más lejos -como diría Nietzsche- “¿Y acaso la vida no se define en ese permanente e incierto transitar entre el pasado, el presente y el futuro?”.

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