El higo: una historia sonsoneña de tradición, ingenio y sabor

Laura Alejandra Bedoya Loaiza

Comunicación Social UCO, laurabedoya470@gmail.com

En la parte alta de Sonsón, se levanta, en medio de telarañas y tunas, un fruto que lleva más de 90 años dando de comer a los campesinos de la zona: el higo. A esta labor agrícola se dedican alrededor de 520 familias, saldo que ha bajado en los últimos años debido a la poca rentabilidad; sin embargo, aquellos que aún continúan con esta tradición sueñan con ocupar un mejor lugar en el mercado, llegando a exportar “los mejores higos del mundo”.

Sonsón es el único municipio de Antioquia que produce y el tercero en Colombia. Según cuentan las historias de los ancestros, en estas tierras cayó ceniza volcánica, lo que favoreció la producción del fruto en la zona. Dichas sales minerales sirvieron de abono para el suelo de los primeros cultivos en 1925. Ahora, el sabor dulce del higo deleita el paladar de propios y visitantes, siendo esta una de las principales actividades turísticas del lugar.

El higo, también conocido como nopal, ha pasado de generación en generación. Daniel Muñoz León, un sonsoneño de 21 años, trabaja el cultivo desde que tenía 11. Gracias a los conocimientos brindados por su padre, Pablo Muñoz, empezó a seguir ese legado en la finca Hidalgo, predio ubicado en el corregimiento El Alto de Sabanas. 10 años después este joven ha logrado convertirse en uno de los principales productores en el municipio.

El tratamiento de los nopales es constante. La fumigación se hace cada 15 días, antes de la luna llena. La fertilización se hace cada cuatro meses. Y cada cinco es la producción, siendo julio y noviembre los principales picos de la cosecha. Según Daniel, en la zona hay higueras de casi 100 años. Recalca que, “el éxito del cultivo depende de la inversión que se le haga y la dedicación con la que se trabaje”.

La finca Hidalgo, lugar en el que vive Daniel con sus padres y su hermana, cuenta con 3 hectáreas de higo, es decir, de 350 a 400 matas. Uno de esos cultivos lleva 60 años de sembrado, del cual, en época de producción, han llegado a sacar hasta tres toneladas por semana.

Hace 4 años el higo empezó a generar pérdidas para los agricultores de Sonsón, puesto que los climas fueron variando, lo que alteró el tiempo de producción. Con el pasar de los años el precio del fruto bajó, según los productores, de forma abrupta. Daniel, declara que, “en tiempos normales, el kilo de higo cuesta entre 500 a 1000 mil pesos colombianos. Por este motivo, las familias se han dedicado a sembrar otros frutales. Como consecuencia, del 100% de higueras que ocupaban el terreno queda un 60 %”. 

En todo este proceso el papel de las mujeres está en lavar el fruto, en otras palabras, quitarle, de forma manual, las pelusas a cada nopal. Según los ancestros, antes se hacía con una cuchara metálica, pero desde el 2000 se empezó a implementar un saco de fique para mayor rapidez. En promedio, una mujer puede llegar a lavar una tonelada de higo al día, lo que se traduce en 7.000 pesos por cada 18 kilos.

La persona que impulsó la exportación del higo en la zona fue Hernando Cardona Toro, quien se encarga de distribuir el producto en Medellín y en Bogotá. En el 2018 exportaron para Quito, Ecuador, sin embargo, llegar a mercados internacionales no ha sido posible por la cantidad de normas agroalimentarias que deben de cumplir. En efecto, cuando hay demasiada producción el mercado solo toma un 20 %, razón por la que se pierde el 80 % de la cosecha, “pérdida que asume el campesino”, dice Daniel mientras frunce sus labios.

El corregimiento El Alto de Sabanas, de Sonsón, fue pionero en la siembra del higo, siendo esta la actividad económica más representativa. Allí, las principales veredas productoras son El Brasil, Hidalgo y El Roblal Arriba. Además, esta tradición tiene sus propias fiestas, creadas hace 17 años por el líder sonsoneño Marino Arroyave Arango. Durante el 2018 y el 2019, debido a la falta de recursos, no se hizo la celebración. Una consecuencia del precio del producto.

Respecto a las artesanías, Ana María Orozco, una mujer de 60 años, es la pionera y la única persona que, hasta ahora se conoce, utiliza la penca del higo para crear productos utilitarios y decorativos. En un recorrido de 15 años, ella ha ido perfeccionando esta habilidad gracias a Ecoarte, su microempresa. Ana explica que darles contextura a las artesanías lleva todo un proceso. “Yo recojo las hojas descompuestas que quedan después de que el campesino poda la planta. A partir de allí, aprovecho la forma que tiene la hoja para hacer los objetos porque esta es una especie de madera un poco difícil de moldear”.

Esta artista, mediante lo que para algunas personas son desechos orgánicos, no solo ha logrado innovar con su talento en el municipio, sino, como ella lo expresa, “ver posibilidades en lo que otros no encuentran valor”. Gracias a ello, se reconoce como una mujer perseverante que siempre está a la inventiva.

En Sonsón, varias personas se han dedicado a innovar con derivados del higo. Entre ellos han elaborado pesebres, lámparas y joyeros. Además, con el mismo fruto, han producido bocadillos, mermeladas y salsas. En este caso, son las mujeres las que están detrás de estas acciones.

Ana María declara que descubrió un “tesoro” en el alma del nopal, por eso en cada obra demuestra lo enamorada que está del arte. En los últimos años ha hecho estudios investigativos en compañía de la Universidad de Medellín y El ITM, caracterizándose por su entrega a esta labor. En varias ocasiones ha sido galardonada por la gobernación del departamento con premios como “Antójate de Antioquia” (2005) y Estímulos al Talento Creativo (2013).

Por otro lado, Sabores del Páramo es una microempresa que se estableció en el 2017 gracias a la Asociación de Mujeres María Martínez de Nisser. Su trabajo con el fruto ha sido el de crear “delicias con sentir de mujer”, de otro modo, productos alimenticios a base de higo. De dicha elaboración se encargan cinco personas, en su mayoría mujeres rurales. Luz Amanda Ríos Marín, operaria, integrante de la asociación y habitante de la vereda El Roble, considera que hacer parte de este proceso la ha hecho una mujer más lideresa y más independiente en el hogar. Incluso, enfatiza, en que gracias a ello algunas compañeras se han animado a emprender.

El producto de principal elaboración y comercialización son los bocadillos. “Después de presentar el proyecto, el Invima nos hizo centrarnos en una sola actividad. Elegimos los bocadillos porque es algo que lleva menos proceso y genera más ganancias. La caja tiene 12 unidades y tiene un costo de 4.000 pesos”, cuenta Amanda con absoluto dominio del tema.

De la cantidad de higo que se produce, solo el 1 % se vende y se consume en el municipio. Referente al futuro del cultivo, los productores sugieren que, si el gobierno apoya para bajar los costos de fertilizantes e insumos, y si el que compra es más justo con el productor, se puede concebir un porvenir diferente. Entendiendo que ya nadie vive solo de las higueras, muchos se han tenido que apoyar en otros productos como el café y el aguacate, pero el higo sigue siendo todo para ellos: su historia.

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