El Área Metropolitana, una respuesta necesaria al crecimiento del Oriente Antioqueño: Rolando Castaño

Es fundamental comprender cómo el Área Metropolitana complementa y potencia los esquemas asociativos ya existentes, como las Provincias Administrativas y las asociaciones de municipios. No es generar competencia, sino de establecer el esquema ideal para enfrentar el fenómeno de la aglomeración urbana, un proceso diagnosticado por Planeación Nacional en el Valle de San Nicolás»: Rolando Albeiro Castaño Vergara – Director de Planeación Territorial, Gobernación de Antioquia

Desde la Dirección de Planeación Territorial de la Gobernación de Antioquia, Rolando Albeiro Castaño Vergara, abogado y experto en gestión territorial, argumenta que la conformación de un Área Metropolitana en el Oriente Antioqueño no es una improvisación, sino una respuesta necesaria a las dinámicas reales de aglomeración urbana y a los desafíos compartidos que ya operan de facto en el Valle de San Nicolás. La región ya funciona como un sistema interdependiente en aspectos vitales como la movilidad, los servicios públicos, el uso del suelo y el medio ambiente, lo que demanda una institucionalidad supramunicipal para garantizar coherencia en las decisiones y sostenibilidad en el desarrollo. Esta figura, lejos de ser una amenaza a la autonomía local, es un complemento que potencia la capacidad de cada municipio para planear con una visión regional, buscando un desarrollo más equilibrado, incluyente y eficiente para los 7 millones de habitantes del departamento.

La creación de un Área Metropolitana es crucial para cerrar las profundas brechas de desarrollo que persisten en Antioquia. Actualmente, entre el 70% y el 80% del Producto Interno Bruto (PIB) departamental se concentra en el Valle de Aburrá, mientras que el Oriente Antioqueño aporta solo el 9.7%. Esta disparidad se refleja en la pobreza multidimensional, que aumenta significativamente a medida que uno se aleja del centro, superando el 30% o 35% en algunas zonas. La asociatividad emerge como la herramienta fundamental para cambiar esta dinámica centralista, permitiendo que los problemas se aborden en un escenario de diálogo más amplio y con perspectiva regional. Ejemplos claros son la necesidad de redes integrales de salud para optimizar la ubicación de hospitales y garantizar acceso a la población, o la mejora de la precaria conectividad vial entre municipios vecinos, asuntos que no pueden resolverse de manera aislada.

Es fundamental comprender cómo el Área Metropolitana complementa y potencia los esquemas asociativos ya existentes, como las Provincias Administrativas y las asociaciones de municipios. Rolando Castaño enfatiza que no se trata de generar competencia, sino de establecer el esquema ideal para enfrentar el fenómeno de la aglomeración urbana, un proceso diagnosticado por Planeación Nacional en el Valle de San Nicolás. La «conmutabilidad» es una realidad innegable: miles de habitantes viven en un municipio pero trabajan, estudian o acceden a servicios en otro, lo que significa que las decisiones tomadas en un lugar afectan la vida cotidiana de residentes de otros. Este reconocimiento de interdependencia justifica la necesidad de una entidad que pueda planificar y coordinar a esta escala regional.

Un punto clave de la discusión es la equidad territorial. Contrario a la percepción de que los municipios del Valle de San Nicolás son «ricos», las cifras revelan desafíos significativos, incluso en los más desarrollados. Rionegro, por ejemplo, tiene cerca de 15.000 habitantes en pobreza monetaria, y el altiplano en su conjunto supera a los otros 14 municipios del Oriente Antioqueño en población con pobreza monetaria y déficit cualitativo de vivienda. Un Área Metropolitana permitiría cerrar estas brechas internas y abordar necesidades urgentes en servicios públicos, vivienda y empleo juvenil. Además, en materia de vivienda, una de las competencias más poderosas de las áreas metropolitanas es establecer una política metropolitana para la vivienda social, garantizando el acceso a soluciones habitacionales asequibles para familias de bajos recursos, especialmente en una región donde el costo del suelo se ha valorizado excesivamente.

Finalmente, el Director de Planeación Territorial enfatiza que la creación del Área Metropolitana no implica una pérdida de autonomía municipal, sino una ganancia de competencias y autonomía regional. Decisiones trascendentales sobre transporte o directrices de ordenamiento territorial que antes estaban en manos del Ministerio o la Gobernación, serían asumidas por la propia Área Metropolitana, empoderando a los alcaldes. La Junta Metropolitana, conformada por los alcaldes y dos concejales, es el órgano decisorio con voz y voto, sin que el Gobernador tenga voto. Dada la proyección de crecimiento exponencial de la población en el Valle de San Nicolás (de 520.000 habitantes a 1.2 millones en 2050), el paso hacia una institucionalidad formal es fundamental para ordenar el territorio, garantizar calidad de vida y seguir cerrando brechas. La consulta popular es una oportunidad democrática para que la ciudadanía decida sobre este proyecto de futuro.

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