El impacto real de las noticias falsas en nuestras redes y el contexto electoral
Por: Paula Andrea Bernal Cardona
¿Se ha puesto a pensar en las veces que consume o comparte información falsa que circula en redes sociales? ¿Se ha cuestionado sobre la veracidad de aquello que difunde?
Resolver estos interrogantes es fundamental para reducir la circulación de información falsa, ya que la alta contaminación informativa que prolifera en las plataformas digitales puede llevar a que las personas participen, incluso sin intención, en la difusión de contenidos engañosos.
En un mundo hiperconectado, donde los contenidos viajan a la velocidad de un clic, las redes sociales han transformado no solo la forma en que nos comunicamos, sino también cómo construimos nuestra visión del entorno. Facebook, X, Instagram, TikTok y YouTube funcionan hoy como plazas públicas digitales donde conviven opiniones, noticias, rumores y múltiples formatos. Esa mezcla explosiva ha permitido que las fake news o noticias falsas se propaguen hasta un 70 % más rápido que la información verificada, gracias a su capacidad de activar emociones como miedo, indignación, rabia, ternura o esperanza. Incluso logran influir en escenarios políticos que parecen no tener fecha de caducidad, debido al efecto de las redes, donde los tiempos electorales superan los establecidos para medios tradicionales.
Según DataReportal, a inicios de este año en Colombia se registraban 78,3 millones de conexiones móviles, cifra equivalente al 147 % de la población total. Además, se contabilizaban 41,1 millones de personas usuarias de internet y 36,8 millones de usuarios de redes sociales en enero de 2025, además, en promedio cada persona en el país dedica 3 horas y 25 minutos diarios a estas plataformas.
Ante este crecimiento, vale la pena preguntarse: ¿estamos realmente mejor informados?

Las noticias falsas se caracterizan por construirse sobre un hecho verdadero
Diversos estudios citados por DataReportal indican que los jóvenes consumen más noticias en redes sociales que en medios tradicionales. Aunque su confianza en estas plataformas es baja, de tan solo un 27 %. Sin embargo, gran parte de ese consumo no es intencional, muchos se encuentran con noticias por casualidad, moldeando su percepción del mundo a través de un algoritmo.
Este fenómeno, conocido como agenda-setting invertida, demuestra cómo las plataformas, más que informar, terminan dictando qué temas importan. Esto exige fortalecer habilidades críticas que permitan identificar fuentes confiables y evitar la manipulación informativa.
Lina Marcela Gallego, docente, periodista, magíster en gestión de ciencia, tecnología e innovación y candidata al doctorado en humanidades, advierte que hoy la información en redes nos sumerge en burbujas informativas donde solo accedemos a una versión de la realidad.
“Se crean las denominadas burbujas, el algoritmo solo me empieza a mostrar lo que a mí me gusta. Entonces si me gusta un tipo de pensamiento o ideología política, de eso me muestra, pero no me muestra el resto. Eso hace que yo esté como en una burbuja y piense que lo que yo creo, esas ideologías preexistentes son la única verdad”, puntualizó la docente.
El Oriente Antioqueño: política, campañas y desinformación
La incidencia de las redes sociales en la política es evidente. Para el docente de la Universidad de Antioquia y doctor en comunicaciones, Heiner Castañeda, hoy se observan campañas con líneas directas de emotividad, más allá de lo programático.
“Las redes sociales están cumpliendo un papel absolutamente protagónico, lastimosamente creo que muchas veces más mediadas por la emotividad, que, por el conocimiento, hay excepciones desde luego, pero vemos una gran cantidad de voces que se multiplican, se crean las burbujas de información. Hay casos donde simplemente se transmite información que consideran es cierta y la transmiten de manera inconsciente, como si realmente pudiera ser confiable. Que es diferente a la desinformación específica, en donde claramente hay una mala intención de generar un ambiente alrededor de unas noticias falsas”, señaló el docente.
El Oriente Antioqueño tampoco escapa al impacto de la desinformación, especialmente en época electoral. Durante la campaña de la Consulta Popular para conformar el Área Metropolitana del Valle de San Nicolás circularon versiones engañosas, desde supuestos resultados de una consulta nunca convocada hasta afirmaciones falsas de que la entidad ya estaba en operación. Estos casos evidencian cómo, en contextos locales, un rumor malintencionado puede influir en la opinión pública.
Las noticias falsas suelen construirse a partir de una fórmula sencilla pero efectiva, una dosis de verdad, mezclada con emociones como miedo, esperanza o indignación. Aunque a veces parten de hechos reales, distorsionan el contexto para manipular. En campañas locales, estas tácticas son especialmente efectivas, generan un mensaje alarmista que puede movilizar votantes, sembrar desconfianza o deslegitimar procesos institucionales.
“Entender que ver no es comprender, es decir todo lo que me llega no es necesariamente cierto y que siempre es absolutamente necesario, el contraste, no quedarse con una sola visión, buscar otro tipo de medios, evaluar de dónde viene la información, el origen, qué intereses particulares hay detrás de la información”, señaló Heiner Castañeda.
Redes sociales, política y elecciones: una alerta de la MOE

La MOE advierte sobre el crecimiento de la desinformación en épocas electorales. Las llamadas “bodegas” hacen parte de ese ecosistema de desinformación.
La Misión de Observación Electoral (MOE) ha documentado el creciente impacto de las redes sociales en las contiendas políticas. Según un informe publicado en noviembre de este año, se evidencian algunos elementos del comportamiento en las elecciones locales de 2023. El gasto en publicidad electoral en las plataformas de Meta alcanzó más de $13.264 millones, pero solo un 6% de estos gastos fueron reportados, los anuncios se concentraron en un 53 % en Bogotá, Antioquia, Valle, Santander y Norte de Santander. En Antioquia, los municipios donde más se pautó fueron Medellín, Bello, Envigado, Itagüí y Rionegro.
Sin embargo, el problema no es solo la falta de transparencia al reportar estos gastos, la organización ha manifestado preocupación por los discursos y la desinformación que se mueve en redes sociales en medios de las campañas:
“Hay un crecimiento alarmante de la desinformación, discursos estigmatizantes y de odio, alimentado por inteligencia artificial con audios manipulados y montajes que buscan difamar o confundir. Esta dinámica deteriora el debate público, inhibe el voto libre e incrementa riesgos de violencia”, indicó Alejandra Barrios, directora de la Misión de Observación Electoral (MOE).
Además, la inteligencia artificial y las herramientas de edición han reducido las barreras para producir desinformación sofisticada, que combina imágenes, videos y audios manipulados para dar un “brillo” más creíble a la mentira. La entidad también reporta que, entre marzo y octubre de este año, 42 precandidatos presidenciales invirtieron $799 millones en publicidad en Facebook e Instagram, lo que demuestra que la carrera hacia 2026 tiene sus avances desde el ámbito digital.
¿Cómo no “tragarse entero”? Recomendaciones para la ciudadanía

La tecnología trae beneficios, pero también nos obliga a mantenernos alerta. Ejemplos como este comunicado falso denunciado por el CNE sobre elecciones atípicas en Villeta, Cundinamarca.
“Lo primero aplicar el pensamiento crítico, preguntarnos: quien está produciendo la información, quien es la persona, que evidencias me está presentando, saber si esas evidencias se pueden confirmar, si existen otras fuentes alternativas distintas a las que me está mostrando. Hay una técnica conocida como: SIFT, que nos invita a que antes de compartir cualquier noticia paremos, hacer una pausa antes de compartir”, señaló Lina Gallego.
Por eso, en un ecosistema digital saturado de información, combatir las fake news exige hábitos concretos. El primero es verificar siempre el origen de la información: identificar si proviene de un medio oficial, una entidad institucional o simplemente de un post viral sin sustento. A esto se suma la necesidad de contrastar los datos con medios confiables, prensa local y comunicados formales que permitan confirmar o desmentir versiones. Desarrollar un criterio crítico es hoy indispensable, pues no todo lo que parece urgente o alarmante corresponde a la realidad. Finalmente, reportar videos, panfletos o publicaciones sospechosas es una acción ciudadana clave para frenar la circulación de contenido engañoso.
“Es claro que lo fundamental es contrastar, hacer una lectura crítica de todos los mensajes implica tener un conocimiento, una preocupación más allá de la mera información, eso obliga definitivamente a pensar a cada vez que veo un mensaje, a releer lo que me están enviando, a evaluar si el mensaje realmente coincide con lo que eventualmente conozco o he visto en otros medios. Si soy capaz de vislumbrar algunos elementos de uso de inteligencia artificial malévola, en donde se combinan imágenes, videos y se pone incluso a hablar a personas de asuntos que nunca han tocado”, puntualizó Heiner Castañeda.
Sin embargo, no podemos olvidar que el consumo de noticias es un pilar fundamental en la construcción de ciudadanía y en un contexto donde la tecnología avanza más rápido que la capacidad institucional para regularla, la responsabilidad individual cobra un papel esencial. Las redes sociales no son enemigas; son herramientas. Pero sin criterio, pueden convertirse en un arma de manipulación masiva.
La tecnología trae beneficios, pero también nos obliga a mantenernos alerta. No todo lo que aparece en nuestras pantallas es verdad. En esta carrera digital, la mejor defensa somos nosotros mismos, una ciudadanía informada, crítica y consciente. No basta con acceder a información; el verdadero reto es discernirla, cuestionarla y elegir con responsabilidad.
En un entorno democrático, el riesgo de la desinformación no es solo la mentira, es cuando esas falsedades o medias verdades se convierten en una estrategia política sostenida. Y eso, finalmente, erosiona la confianza en las instituciones y en el proceso electoral.

