Pereira una de las ciudades más afectadas por el terremoto. – Foto: Luis David Ramos | @MiOriente X @outtastudio_
Por: Paula Andrea Bernal Cardona
Han sido días de dolor, de esperanza y de solidaridad para Colombia, también han sido días de reflexión. Días en los que el país se ha detenido a pensar en su fragilidad, en la fuerza de la naturaleza y en las preguntas que solemos aplazar hasta que una emergencia nos obliga a enfrentarlas.
Para mí, ese lunes 10 de agosto, el terremoto llegó en medio de una jornada cotidiana, me encontraba en un sitio público y por primera vez, tuve que buscar una ruta de evacuación, evidentemente ni las escaleras eléctricas, ni los ascensores son de uso en un momento como ese. Vi cómo muchas personas intentaban entender qué estaba ocurriendo, mientras otras buscaban a sus familiares por teléfono.
En medio del caos, por unos segundos comprendí el verdadero valor de los simulacros, de la señalización y de saber exactamente hacia dónde dirigirse en momentos como este.
El reciente terremoto que sacudió al país, con una magnitud de 7,4 y epicentro en el municipio de San José del Palmar, Chocó, dejó centenares de víctimas, miles de heridos y una emergencia humanitaria de grandes proporciones. Según los reportes oficiales, más de 120.000 familias resultaron afectadas, con una labor continúa en las labores de rescate y recuperación en varias regiones del país.
La emergencia obligó al Gobierno Nacional a activar los p|rotocolos de respuesta, declarar desastre natural, la emergencia económica y tres días de duelo, anunciando medidas extraordinarias para la reconstrucción de las zonas afectadas; presidente Abelardo de la Espriella informó la creación de mecanismos especiales para canalizar recursos y apoyar la recuperación de viviendas, infraestructura y servicios esenciales.
“Esta crisis que ha generado esta tragedia o este fenómeno natural tiene un impacto absolutamente terrible para nuestro país y nos agarra en un momento difícil, en medio de una crisis fiscal: la más compleja de toda la historia republicana de nuestro país, porque tenemos el más alto nivel de endeudamiento, una estrechez total de recursos de tesorería y un presupuesto público absolutamente desfinanciado”, señaló el mandatario de los colombianos.
Y aunque las mayores afectaciones se concentraron en departamentos del occidente colombiano, el sismo fue sentido en buena parte del territorio nacional, incluido el Oriente Antioqueño.
La memoria sísmica del Oriente Antioqueño

Afectaciones en la iglesia de Abejorral ocurridas el lunes 10 de agosto – Foto: cortesía
Aunque muchas veces se percibe como una región alejada de los grandes eventos sísmicos del país, el Oriente Antioqueño también conserva cicatrices y recuerdos asociados a terremotos que dejaron huella en la memoria colectiva.
Rubén Guillermo González es historiador y menciona que uno de los episodios más significativos ocurrió el 4 de febrero de 1938. «Hubo un terremoto que deterioró todo el frontis de la iglesia principal de La Ceja. Por eso se tuvieron que construir posteriormente las nuevas torres que vemos hoy en día. Fue uno de los eventos que más impactó al municipio».
También menciona el de 1962, que afectó templos en distintos municipios de Antioquia y provocó daños en infraestructura educativa.
«Ese sismo tumbó una parte de la escuela María Auxiliadora en La Ceja, también dejó afectaciones en iglesias como la de Sonsón y El Carmen. En aquella época las viviendas eran principalmente de un piso y resistían mejor, pero los templos y las construcciones más altas sí resultaban afectados», puntualizó el historiador.
En el departamento Antioquia también se recuerda el terremoto de Murindó en 1992, considerado uno de los más fuertes registrados en la historia reciente del departamento, así como los efectos del terremoto del Eje Cafetero de 1999, que impulsó una profunda revisión de las normas de construcción sismorresistente.
Lo que dejó al descubierto el reciente terremoto

Autoridades en el Oriente Antioqueño realizando evaluación de daños – Foto: cortesía
Más allá de las cifras de afectados y de las imágenes que recorrieron el país durante los días posteriores al sismo, la emergencia dejó al descubierto una realidad que durante años ha sido motivo de preocupación para expertos en gestión del riesgo y construcción: la vulnerabilidad de miles de edificaciones que aún no cumplen condiciones adecuadas de sismorresistencia.
Para Juan Diego Jaramillo, profesor de Ingeniería Sísmica de la Universidad EAFIT, uno de los principales aprendizajes que deja esta tragedia es la necesidad de analizar en profundidad qué ocurrió con cada estructura afectada y convertir ese conocimiento en acciones concretas para el futuro. “Ojalá seamos capaces de capitalizar este desastre, hacer un levantamiento de cada edificio y cada casa y señalar las causas y razones para avanzar en las condiciones de edificación. Las cosas no solo pasan por los ingenieros, también pasan por el control”, señala el experto.
Jaramillo explica que una parte importante de los daños observados en diferentes regiones del país está relacionada con construcciones realizadas de manera artesanal o con deficiencias en los procesos de supervisión y control técnico.
Sobre las características geológicas que determinan la forma como se comporta un terremoto, el profesor advierte que todavía existen variables imposibles de predecir completamente. “Esa ruptura depende de los parámetros de los materiales que hay allá debajo de la tierra, cuál es la dureza de las rocas, cuál es su capacidad, qué tan comprimida está, y eso no lo vamos a saber probablemente en cientos de millones de años”.
En Antioquia, los efectos fueron considerablemente menores frente a otras regiones del país debido a que la intensidad con la que llegaron las ondas sísmicas fue más baja. Sin embargo, para el académico, esto no debe interpretarse como una señal de tranquilidad permanente. El especialista destaca que las construcciones modernas diseñadas bajo los parámetros técnicos vigentes deberían tener un comportamiento adecuado incluso frente a eventos de gran magnitud. “Para una estructura moderna, siguiendo los requisitos de materiales y demás, no debería haber colapsos. Daños sí, y probablemente edificios que se tengan que demoler también, pero colapsos no”.
Una región que crece y enfrenta nuevos desafíos

Evacuaciones y bomberos de Rionegro realizando atención a posibles daños – Foto: cortesía
El Oriente Antioqueño vive uno de los procesos de transformación urbana más acelerados del departamento, municipios como Rionegro, La Ceja, El Retiro, Marinilla, Guarne y El Carmen de Viboral han experimentado durante los últimos años un crecimiento sostenido de su población y de su infraestructura.
Nuevos hospitales, instituciones educativas, centros empresariales, conjuntos residenciales, redes de servicios públicos y sistemas viales hacen parte de un territorio cada vez más complejo que exige mayores capacidades de prevención y respuesta ante emergencias.
Desde la planificación territorial, Kevin Jiménez, concejal de La Ceja y experto en ordenamiento del territorio, considera que el reciente terremoto deja una reflexión que el país no puede ignorar. “Creo que aún no estamos preparados. Vivimos en un país sísmico y aunque existen normas y reglamentaciones, todavía falta mucha preparación ciudadana y más herramientas desde la planificación para proteger a la población”.
Según explica, los instrumentos de ordenamiento han avanzado en la identificación de amenazas relacionadas con inundaciones, avenidas torrenciales y movimientos en masa, pero aún existen desafíos importantes frente a la gestión del riesgo sísmico. “En muchos territorios se han delimitado zonas de riesgo por derrumbes o desbordamientos de quebradas, pero muy poco se ha pensado en elementos asociados a la amenaza sísmica y a otros escenarios que podrían afectar a la población”.
El concejal sostiene que la experiencia nacional e internacional demuestra que la calidad de la construcción suele ser un factor mucho más determinante que la altura misma. Asimismo, considera que la preparación de los territorios debe involucrar a todos los actores del sistema de gestión del riesgo. “También es necesario fortalecer a los grupos de emergencia. No solamente a los cuerpos de bomberos. Existen otras organizaciones que trabajan con recursos limitados y necesitan más financiación, capacitación y entrenamiento”.
Cuando entrenar salva vidas

Aplicación de Android para generar alertas ante posibles sismos – Imagen: Android phones
Si algo dejó en evidencia la emergencia es que miles de personas todavía desconocen cómo actuar durante los primeros segundos de un sismo. Evacuaciones improvisadas, personas regresando por pertenencias, congestión de las líneas telefónicas y desinformación circularon en diferentes regiones del país durante las horas posteriores al terremoto.
Por eso, los expertos coinciden en que los simulacros no son una formalidad institucional ni un requisito administrativo, son ejercicios que pueden marcar la diferencia entre una evacuación organizada y una situación de caos, conocer las rutas de salida, identificar puntos seguros, establecer lugares de encuentro familiares y saber cómo reaccionar durante un movimiento telúrico son acciones que pueden salvar vidas.
Uno de los avances más importantes en materia de prevención durante los últimos años ha sido la incorporación de sistemas de alerta temprana en los teléfonos móviles. Juan Diego Jaramillo explica que el principio detrás de estas notificaciones se basa en una ventaja física fundamental, las señales electromagnéticas viajan mucho más rápido que las ondas sísmicas. “Las comunicaciones son ondas electromagnéticas. Las ondas sísmicas viajan a una velocidad muchísimo más baja que esas ondas. Todos los teléfonos tienen acelerógrafos y entonces, cuando se reportan unas vibraciones propias y compatibles con los sismos, es que se mandan esas señales”.
Gracias a esta tecnología, millones de dispositivos Android y los sistemas de alertas de emergencia incorporados en los iPhone pueden advertir a los usuarios segundos antes de la llegada de las ondas más fuertes, un tiempo que, aunque parece mínimo, puede resultar determinante para protegerse.
Cinco errores frecuentes durante un terremoto
- Utilizar ascensores.
- Regresar por objetos personales.
- Correr sin identificar una ruta segura.
- Saturar las líneas telefónicas.
- Compartir información falsa o sin verificar.
El celular también puede salvar vidas
Una de las herramientas más útiles durante los recientes eventos sísmicos ha sido el sistema de alertas tempranas disponible en los dispositivos móviles.
¿Cómo activar las alertas de sismos en Android?
- Ingrese a Configuración.
- Seleccione Seguridad y emergencia.
- Busque la opción Alertas de terremotos.
- Active la función.
- Mantenga actualizado el sistema operativo del dispositivo.
- Permita el acceso a ubicación cuando sea solicitado.
Estas alertas utilizan sensores de millones de teléfonos Android para detectar movimientos sísmicos y advertir a la población segundos antes de que lleguen las ondas más fuertes.
Un kit básico para cualquier familia
Los organismos de gestión del riesgo recomiendan contar con:
- Agua potable.
- Linterna.
- Radio portátil.
- Botiquín.
- Medicamentos esenciales.
- Documentos importantes protegidos.
- Silbato.
- Baterías adicionales.
- Cargador portátil para celular.
Además, cada familia debería definir un punto de encuentro y una forma alternativa de comunicación en caso de interrupciones de energía o telefonía.
El reciente terremoto dejó profundas heridas en Colombia, también dejó una enseñanza que no debería desaparecer y un recordatorio contundente de su vulnerabilidad y de la necesidad permanente de prepararse.
“El terremoto de 1938 deterioró gravemente el frontis de la iglesia principal de La Ceja y obligó a reconstruir sus torres. Son eventos que marcaron la memoria del municipio”: Rubén Guillermo González, historiador.
El terremoto dejó afectaciones en 15 departamentos y 450 municipios, con 120.238 familias y 185.016 personas afectadas. El balance registra 289 personas fallecidas, 143 desaparecidas, 4.187 heridas y 354 rescatadas. En infraestructura, se reportan 127.557 viviendas averiadas, 26.945 destruidas y 66 edificaciones colapsadas, además de 407 vías afectadas, 44 puentes vehiculares, 12 puentes peatonales, 92 acueductos y cinco aeropuertos con afectaciones. También resultaron afectados 285 centros de salud, 2.838 centros educativos y 3.782 centros comunitarios. En cuanto a los animales, 510 fueron rescatados y 822 resultaron afectados.

