El área metropolitana es innecesaria

Por: Erney Montoya Gallego*

Durante la época más aguda y difícil del conflicto en el Oriente Antioqueño, los alcaldes se unieron para encontrar soluciones a las graves situaciones que enfrentaban los territorios. También las comunidades realizaban actos de encuentro, movilización y resistencia, para alzar su voz en contra de las injusticias y la vulneración de derechos.

Aunque informales y no normativas, esas eran formas de asociatividad legítimas y auténticas, porque nacían y se daban, claro está, desde la necesidad y el apremio… pero también desde la voluntad política para encontrar soluciones a problemas serios que afectaban a nuestros municipios y a sus poblaciones.

Otra experiencia de asociatividad, esta sí como resultado de procesos formales y normativos, fue la creación de varias asociaciones de municipios en los años noventa. Masora, en particular, gestionó procesos y proyectos de planeación territorial, de la mano del Cornare de esa época. Fueron procesos más endógenos y participativos. Desde luego, hay que recuperar a estas asociaciones para que cumplan el papel y las competencias que les otorga la ley.

Hoy, algunos mandatarios y agentes económicos vienen con el discurso de la asociatividad como si fuera una gran novedad, como si la asociatividad fuera el invento de un presidente, un gobernador o un alcalde de turno. Todo con un propósito: poder crear un área metropolitana, un esquema de asociatividad que solamente va a favorecer a quienes tienen intereses económicos y los quieren seguir materializando en esta subregión. Pero son intereses de agentes que desconocen el proceso histórico de construcción de territorio que han liderado los verdaderos actores territoriales.

Históricamente, el Oriente Antioqueño se ha construido como un sujeto político y social, no homogéneo (no tiene por qué serlo) pero sí articulado, solidario, plural y complementario. Hasta que llegaron aquellos que lo dividieron, lo partieron, lo fragmentaron; aquellos que se atreven inclusive a nombrar “oriente lejano” y “oriente cercano”. Y que hoy lo quieren seguir fragmentando. Se impuso el discurso neoliberal de la planeación estratégica y de la competitividad territorial. Están encaminando a los territorios hacia la competencia de unos con otros.

Crear un área metropolitana será intensificar la fragmentación y aumentar los desequilibrios territoriales y las desigualdades sociales. Las áreas metropolitanas son esquemas de asociatividad a las que solo les interesa gestionar los procesos urbanos, no los procesos rurales. Claro ejemplo de ello es el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, que ha desarticulado y destruido el componente rural de esa zona; y, al paso que va, pasará lo mismo con el sector rural del Oriente Antioqueño.

El Oriente Antioqueño, inclusive el Altiplano, siguen siendo territorios con muchas extensiones rurales, donde sobreviven lógicas y prácticas campesinas y de producción agrícola. Pero, repito, un área metropolitana solo buscará gestionar procesos urbanos. ¿Qué va a ocurrir con la producción de alimentos? ¿Dejársela a empresas multinacionales? ¿Le han explicado esto a nuestros miles de campesinos y habitantes de zonas rurales? Como ocurre en jornadas electorales ¿los llevarán en buses y chiveros a votar por el “sí al área metropolitana” sin conocimiento real de lo que están votando?

Le escuché a un expositor decir que el Oriente Antioqueño ya casi ni produce los alimentos que consume, queriendo con ello justificar la creación del área metropolitana. ¡Qué postura más lánguida y amañada! Entonces ¿dejamos que sigan acabando con nuestros campesinos y productores agrícolas? ¿Que se acaben las zonas cultivables para construir allí parcelaciones y edificios? ¿No es más lógico y urgente promover proyectos y crear asociatividades que favorezcan la recuperación del campo, el fomento de la producción agrícola para la soberanía alimentaria de nuestros territorios y para la conservación natural?

El Oriente Antioqueño lo que necesita es voluntad política para construir una subregión articulada, con territorios múltiples y diversos que se complementen desde una lógica relacional; esto es, territorios plurales que coexisten y cooperan. No territorios que compiten o luchan entre sí. Al contrario, territorios que construyen relaciones armónicas entre sí, entre lo urbano y lo rural, entre lo colectivo y lo individual, entre lo político y lo económico, entre la conservación natural y el uso responsable de sus bienes naturales.

El área metropolitana es innecesaria, porque nuestras administraciones locales y nuestros concejos municipales cuentan, en su autonomía, con las herramientas jurídicas, políticas y administrativas para atender las necesidades de sus territorios y proyectar su construcción en armonía con los territorios vecinos. Para eso son elegidos por el pueblo. No pueden ser inferiores a este desafío. 

El área metropolitana es innecesaria, porque cuando hay voluntad política, capacidad de diálogo y deseo de cooperar, es posible encontrarse para buscar soluciones a problemas comunes.

El área metropolitana es innecesaria, porque los procesos de desarrollo y de planeación deben ser endógenos, horizontales y participativos, y no atrapados por intereses ajenos a los territorios y gestionados por esquemas concentradores del poder. 

El área metropolitana es innecesaria, porque ya existen esquemas como las asociaciones de municipios y las provincias administrativas y de planificación, y se cuenta con herramientas como los convenios interadministrativos y los contratos-plan, para resolver problemas comunes.

El área metropolitana es innecesaria, porque intensificará la fragmentación y aumentará los desequilibrios territoriales y las desigualdades sociales.

El área metropolitana no solo es innecesaria sino también perjudicial, porque promoverá la concentración del poder, para favorecer el crecimiento urbanístico indiscriminado y la explotación desmedida de los bienes naturales. Porque acabará con las tierras cultivadas y cultivables, arrasará con los campesinos y productores agrícolas, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria. Porque, en lugar de equidad social y equilibrio territorial, lo que traerá es fragmentación y competencia.

* Docente universitario

*Las opiniones expresadas en esta columna de opinión son de exclusiva responsabilidad de su autor y no reflejan, necesariamente, los puntos de vista de La Prensa Oriente

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