Por: Carlos Humberto Gómez*
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Cada cuatro años Colombia abre un nuevo capítulo de su historia política. Con la posesión del nuevo presidente de la República comienza una etapa distinta para el país y, naturalmente, también para el Oriente antioqueño. Estos cuatro años representarán una oportunidad para recuperar el tiempo perdido en proyectos que durante el último cuatrienio no lograron avanzar al ritmo que la región esperaba.
Cuarenta y ocho meses parecen un periodo suficiente cuando un gobierno inicia. Entre la conformación de los ministerios y demás cargos de alta responsabilidad, la formulación de políticas, la aprobación de presupuestos, la planeación y la ejecución de proyectos, el margen para obtener resultados concretos es mucho menor. El país necesita decisiones oportunas, coordinación institucional y capacidad para convertir los anuncios en obras y soluciones. Ese fue el principal compromiso asumido por el presidente Abelardo De La Espriella y el vicepresidente José Manuel Restrepo de cara a este nuevo periodo de gobierno.
Los últimos cuatro años también dejaron lecciones. En varios de los proyectos estratégicos para el Oriente antioqueño no hicieron falta diagnósticos ni estudios. Lo que faltó fueron acuerdos, decisiones y voluntad política para hacerlos realidad. Recuperar ese tiempo deberá ser uno de los principales desafíos del nuevo Gobierno Nacional y también de quienes representan a la región desde los diferentes niveles del Estado.
Uno de los debates que toma fuerza desde este comienzo de gobierno es el de la descentralización y la autonomía fiscal. Antioquia ha insistido durante años en la necesidad de fortalecer la capacidad de las regiones para administrar parte de los recursos que generan. En esa dirección ya fue anunciado un comité promotor desde las asambleas departamentales para impulsar una ley que permita que los departamentos administren directamente los recursos provenientes del recaudo de renta y patrimonio, hoy concentrados en el nivel central.
El Oriente antioqueño también espera que continúen fortaleciéndose mecanismos que han demostrado resultados. Uno de ellos es el de Obras por Impuestos. Antioquia se convirtió recientemente en referente nacional con inversiones cercanas a un billón de pesos y la participación de 87 empresas que hicieron posible la ejecución de proyectos en diferentes municipios. Infraestructura vial, educación, cultura y obras comunitarias hacen parte de los resultados alcanzados mediante esta figura. Mantener ese instrumento y ampliar su alcance permitiría que nuevas iniciativas continúen llegando a comunidades donde las inversiones públicas, por sí solas, difícilmente alcanzarían a responder todas las necesidades.
Otra prioridad regional es el futuro del Aeropuerto Internacional José María Córdova. Durante más de una década se ha hablado de la ampliación de la terminal y de la construcción de una segunda pista como parte del crecimiento de esta infraestructura estratégica para Antioquia y Colombia. Sin embargo, el reciente documento CONPES 4205, expedido en julio de 2026, dejó por fuera la financiación de estas inversiones. Paralelamente, el Gobierno saliente adoptó, mediante la Resolución 1699 de 2026 del Ministerio de Transporte y la Aeronáutica Civil, un Plan Maestro estimado en 22,5 billones de pesos, pero sin definir el horizonte financiero que permita ejecutarlo. La región necesita algo más que un plan sobre el papel. Necesita conocer cómo, cuándo y con qué recursos se hará realidad una infraestructura que hoy es motor del desarrollo económico, del turismo, del comercio y del empleo en el Oriente antioqueño.
A esta agenda se suma la infraestructura vial. Finalizada la concesión de DEVIMED, el reto ahora consiste en garantizar que las vías mantengan los niveles de operación, mantenimiento y atención que demanda una región donde la movilidad es determinante para su competitividad. También permanece abierta la expectativa frente al destino de los cerca de 160 mil millones de pesos correspondientes a excedentes de peajes, recursos que la comunidad espera puedan orientarse hacia las obras que quedaron pendientes, entre ellas intercambios viales, puentes peatonales y otras intervenciones para mejorar la seguridad y la movilidad en el Oriente antioqueño.
El Oriente antioqueño ha construido buena parte de su desarrollo gracias a la capacidad de trabajar conjuntamente entre alcaldías, la Gobernación, el sector empresarial, las universidades, los gremios y las organizaciones sociales. Esa fortaleza debe mantenerse, pero esta vez con el concurso del Gobierno Nacional, para presentar proyectos de alto impacto, hablar con una sola voz en los asuntos estratégicos y acompañar las gestiones que permitan convertir las prioridades regionales en decisiones nacionales. Allí los congresistas de la bancada antioqueña tienen un papel fundamental, especialmente quienes representan al Oriente antioqueño.
El nuevo Gobierno ha anunciado una mayor presencia en las regiones y una forma distinta de relacionarse con los territorios. Esa disposición encontrará en Antioquia una región acostumbrada a proponer, gestionar y construir soluciones. El desafío será convertir ese discurso en una relación permanente de trabajo sin pausa que permita avanzar en los proyectos que durante años han sido considerados prioritarios para el departamento y la subregión.
Con el inicio de un nuevo periodo presidencial también comienza una nueva oportunidad para que esta región haga valer su capacidad de liderazgo, de gestión y de concertación. Esperamos que los próximos cuatro años no sean recordados por los discursos del día de la posesión, sino por las obras que se ejecuten, por las inversiones que lleguen, por el empleo que se genere y por la manera como el Gobierno Nacional responda a las necesidades de las regiones. Quiero creer que así será.
* Director periódico La Prensa Oriente

