El Oriente Antioqueño: SÍ al reto de la integración regional

Por: MG Raúl Vélez Tamayo* – E-mail: raveta@gmail.com

Se han hecho varios foros, conversatorios, sesiones ordinarias en los concejos municipales, programas radiales, publicaciones en periódicos, podcast, videos cortos en redes sociales y todas las herramientas que pueda haber en la actualidad para hablar de integración regional, y, sin embargo, todavía dicen que falta divulgación, este tema ha sido uno de los comunes denominadores en cada escenario donde se habla de Área Metropolitana.

En todos los foros que se han abierto para tratar el tema de la integración regional, a través de la figura Área Metropolitana se ha dispuesto que hay carencia del conocimiento, de conceptos, de claridades en relación de esta figura. Aunque las intervenciones se enmarcan en el conocimiento técnico, la experiencia regional y los desafíos identificados, persiste un miedo considerable a la integración, al menos a una verdadera integración regional. Es cierto que en la ley existen muchas figuras que representan este apartado: las provincias, las asociaciones de municipios y demás figuras jurídicas que suman la voluntad de varios entes territoriales que buscan temas comunes, pero ¿Cuál de estas ha tenido la suficiente significancia en el territorio para que tenga el verdadero impacto integrador de nuestra subregión?

El Área Metropolitana del Oriente no es una discusión nueva, no hace parte de la agenda política de los gobernantes, es una necesidad que se ha ido tejiendo a través de los hechos visibles y obvios que tiene el territorio como el crecimiento demográfico, la expansión urbanística, las necesidades comunes que nos encontramos como la seguridad, la planificación y la gestión común para el crecimiento y el desarrollo, y muchas cosas que están pasando y que necesitamos organizar como comunidad.

Las personas que en su juicio reconocen que el Área Metropolitana no es una figura pertinente para el oriente, siempre ejemplifican sus argumentos con los temas que esta misma entidad entra a regular, como el desorden urbanístico, la armonía que debe tener la planificación territorial entre municipios, la conectividad, la protección de organizaciones de base como las Juntas de Acción Comunal y los Acueductos Veredales, las organizaciones sociales que buscan la protección del patrimonio y la identidad local, todas esas tesis nos motiva a comprender que se requiere una institución que tenga el carácter suficiente para protegerlos, potenciarlos y darle la participación directa dentro de la gobernabilidad territorial. Los que argumentan que por temas ambientales no es pertinente este tipo de entidades, niegan la importancia que tiene CORNARE en nuestra región; en este sentido, hay un tema común que nos une, que no es más que la integración absoluta del oriente, pero para que se logre tal integración se debe hacer de manera gradual, que se inicie con una institución con criterios técnicos y jurídicos, y que en lo sucesivo se sumen otros municipios para fortalecerse como tal, y, a su vez, fortalecer la capacidad interna de cada administración municipal. 

Los argumentos para negar esta existencia del AMO son los mismos que deberían motivar la creación de ésta, porque no podemos hablar de integración sino hay justicia territorial, sino encontramos elementos comunes que unan y no dividan. Este debate del SÍ o el NO al AMO, ha manchado la nobleza de la democracia, a través de los anodinos discursos oportunistas de algunos congresistas, que ven en este escenario no una oportunidad de unir, sino de sacarle provecho electoral.  No está en el congreso, ni en la gobernación, ni en la asamblea, ni en la alcaldía, ni en los concejos el reconocimiento como subregión verdaderamente unida, que más allá de la historia, la cultura, nuestra religión y nuestras costumbres, nos una un sentido común: la prosperidad de los habitantes de este territorio, que se puede lograr, pero no con divisiones ilógicas, sino con la consolidación de un punto de partida que sirva como vigía y protector de nuestro porvenir como ciudadanos. 

En este sentido, la importancia de tener una institución fuerte hace que las cosas que se decidan allí tengan efecto directo en nuestro interés; no es sacrificar nuestra “autonomía territorial”, sino sumar autonomías para crear algo más fuerte, con mayor alcance en el tiempo y que tenga resultados a mediano y largo plazo, que podamos planificar debidamente nuestra subregión con la suficiente coherencia y pertinencia para evitar cometer los errores que han mancillado nuestra historia, y dejar un verdadero territorio para el oriental, sin sacrificar nuestros himnos, ni nuestras banderas, reconociendo en todos lados la heráldica que nos diferencia en nuestra subregión, pero unida en una misma institución el Área Metropolitana del Oriente Antioqueño, porque como lo dijo Jean Monett: “los hombres pasan, las instituciones quedan; nada se puede hacer sin las personas, pero nada subsiste sin instituciones”.

Muchos elementos que refieren con esquivo argumento los promotores del NO, es que ya hay en el congreso un proyecto de ley para regular las provincias, eso está maravilloso, todo lo que sume a la integración es bienvenido, pero ¿Por qué ahora? ¿Por qué no lo hicieron hace doce (12) años donde se empezó a discutir de manera profunda el tema de la integración a través de un Área Metropolitana?. Esto se convierte, ya no en una necesidad integradora, sino en una oportunidad electoral; no lo reprocho, así es la democracia, pero sí abruma el casual interés para tratar algo, que insisto, es del resorte de los que habitamos y vivimos el territorio.

Sí usted considera que el NO tiene más peso que el SÍ, para ser parte de una comunidad, lo respeto, aunque no lo comparto, porque los argumentos que se presentan están llenos de un resentimiento dañino. Si usted está con el SÍ, lo felicito, porque entendió el futuro, no solo el nuestro, sino el de las generaciones que vienen a trabajar y a construir sociedad a través de la intermunicipalidad, porque ya es un hecho, nuestras conexiones como municipios son inevitables, no sólo desde un escenario institucional, sino desde la práctica, no hay fronteras en nuestros territorios, solo linderos jurídicos administrados por las alcaldías, porque a las necesidades de nuestros habitantes no les interesa donde inicia o donde termina un municipio, la pobreza no distingue en qué vereda está habitando el campesino, pero sí podemos hacer algo para eliminar la brechas que hay en nuestros pueblos, por eso los motivo a que digan SÍ a una oportunidad que será agradecida en el porvenir, por nuestros hijos y nietos, por los que van a heredar esta tierra colmada de bendiciones y prosperidad.

* Politólogo, Universidad Nacional de Colombia, Magister en Educación y Derechos Humanos de la Universidad Autónoma Latinoamericana.

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