El Oriente Antioqueño, una de las regiones más participativas con el voto en Colombia

En todos los municipios del Altiplano la participación supera el 70% – Foto: cortesía

Por: Paula Andrea Bernal Cardona

Mientras en Colombia la participación en la primera vuelta presidencial alcanzó el 57% y en segunda vuelta subió al 63% marcando un hito en la historia en términos de participación electoral, municipios del Oriente Antioqueño como El Retiro y La Ceja no solo lideraron los indicadores departamentales, sino que se ubicaron entre los municipios del país donde más ciudadanos acuden a las urnas, reflejando una cultura democrática que se ha fortalecido durante décadas.

En esta región, votar continúa siendo mucho más que un derecho constitucional. Para miles de ciudadanos se ha convertido en una práctica social profundamente arraigada, una costumbre que trasciende las campañas políticas y que encuentra explicación en la historia y la apropiación frente al voto.

Los resultados de la reciente elección presidencial ratifican esa tendencia, municipios como Rionegro pasaron de registrar una participación de un 58 % hace cuatro años a un 75%. El Carmen de Viboral pasó del 69 % al 74 %, consolidando una tendencia regional que llama la atención de analistas políticos y académicos.

Democracia construida desde la historia

Para Alcides Tobón Echeverri, magister en ciencia política y exalcalde de Rionegro, el comportamiento electoral del Oriente Antioqueño no puede entenderse únicamente desde las dinámicas políticas actuales. Su explicación comienza varias décadas atrás, en uno de los momentos más difíciles que vivió la región. «La explicación no responde a una sola causa, los orientales valoran profundamente el sistema democrático porque experimentaron el dolor que significa estar cerca de perder la posibilidad de votar”.

Recuerda que durante las elecciones de 1997 el Oriente Antioqueño estuvo sitiado por la presión ejercida por las Farc y el ELN. Los grupos armados declararon objetivos militares a quienes aspiraban a alcaldías y concejos municipales, generando un ambiente de intimidación que marcó profundamente la vida política regional. «Fui candidato al Concejo de Rionegro ese año y recibí personalmente esa amenaza por escrito, hubo municipios donde los alcaldes fueron elegidos con menos de cincuenta votos. Hoy, cuando el país habla de los riesgos para la democracia, el Oriente ya vivió esa experiencia y entendió que dejar de participar nunca puede ser una opción», señala el exalcalde de Rionegro.

Los datos respaldan esa percepción histórica, la politóloga y analista política Nury Gómez, tras analizar los resultados oficiales de la Registraduría entre las primeras vueltas presidenciales de 2014, 2018, 2022 y 2026, identifica una tendencia sostenida de crecimiento en la participación electoral del Oriente Antioqueño.

Mientras en 2014 la región registró 217.739 votos en primera vuelta, en esa reciente elección presidencial alcanzó 414.542 sufragios. El crecimiento no aparece como un hecho aislado, sino como una tendencia de varios ciclos presidenciales, el Oriente —y especialmente el Altiplano— se comporta como un territorio donde el voto conserva un valor social, institucional y económico» explica Gómez.

Para la analista, la participación no depende únicamente del interés por una elección específica, sino que responde a una cultura cívica consolidada, mejores condiciones educativas, una mayor integración territorial y una percepción cada vez más clara de que las decisiones nacionales inciden directamente sobre la seguridad, la inversión, el empleo, la movilidad y la calidad de vida.

¿Por qué el Oriente vota más?

No existe una única explicación para entender por qué la región registra algunos de los mayores niveles de participación electoral del país. Los expertos coinciden en que el fenómeno responde a una combinación de factores históricos, sociales, económicos y políticos.

El politólogo cejeño Juan José Rincón Hurtado considera que Antioquia, por su peso electoral, siempre ha ocupado un lugar estratégico dentro de las elecciones presidenciales colombianas. Sin embargo, cuando el análisis se traslada al Oriente Antioqueño aparecen elementos propios del territorio, para Rincón, uno de los factores más importantes sigue siendo la cercanía que existe entre la ciudadanía y la política local.

“El primer factor: los gamonales o líderes políticos. Es decir, si bien nuestros municipios cada vez se están volviendo más grandes, seguimos teniendo una apropiación muy cercana a la política en la relación de uno como ciudadano ya sea, o con algún líder político (un vecino o familiar que es concejal, secretario, alcalde, diputado)”, explica.

El Retiro y La Ceja: donde la democracia se convirtió en una cultura

En El Retiro y La Ceja, cerca del 80% de ciudadanos que deciden en las urnas – Fotografía: Cortesía

Cuando se revisan los mapas electorales de Antioquia hay dos municipios que aparecen una y otra vez en los primeros lugares de participación: El Retiro y La Ceja.

Tanto en elecciones territoriales como en las presidenciales, más del 70% de la población tomó decisión en las urnas y se consolidaron como los dos municipios de Antioquia con mayor participación ciudadana. En segunda vuelta en El Retiro un 78,5% de los ciudadanos habilitados para votar lo hizo, en La Ceja el 77,4% .

Más allá de la cifra, los expertos coinciden en que detrás de esos resultados existe una construcción social de muchos años. «Antes eran los mayores quienes decían por quién se votaba, hoy son los jóvenes quienes llegan a sus hogares con información, contrastan propuestas y recomiendan opciones electorales. Las redes sociales también han cambiado profundamente esa dinámica», explica Alcides Tobón.

El exalcalde Tobón Echeverri considera que el crecimiento económico de ambos municipios también ha incidido en la calidad del voto. La posibilidad de acceder a educación superior, ha permitido formar ciudadanos con mayor capacidad crítica frente a las propuestas políticas.

A ello se suma un fenómeno demográfico que ha transformado especialmente al Altiplano, «la migración también explica parte del comportamiento electoral. Muchas personas han escogido municipios como El Retiro y La Ceja para vivir definitivamente: pensionados, empresarios, profesionales y familias provenientes de otras regiones llegan con una cultura democrática muy arraigada», afirma Tobón.

En La Ceja, agrega, incluso el sector floricultor ha jugado un papel importante al promover entre sus trabajadores la participación en los procesos democráticos. La politóloga Nury Gómez complementa esa lectura desde el análisis territorial. «Mayor urbanización, mejores indicadores educativos, tejido empresarial, vida universitaria, movilidad regional y cercanía con Medellín permiten una conversación política permanente. Allí el voto funciona también como una forma de proteger el modelo de desarrollo del territorio», sostiene.

En otras palabras, la participación electoral no responde únicamente a simpatías partidistas, sino al interés de los ciudadanos por preservar asuntos que consideran fundamentales para su calidad de vida.

El otro rostro de la región, la geografía también influye en las urnas

La ruralidad dispersa influye en los porcentajes de votación – Fotografía: Cortesía

Aunque el Oriente Antioqueño sobresale por sus indicadores electorales, el comportamiento no es uniforme en sus 23 municipios. En territorios como Argelia y San Francisco, la participación continúa siendo considerablemente menor que la registrada en el Altiplano. «Son municipios con una ruralidad muy dispersa, vías en condiciones difíciles y enormes limitaciones para la movilidad. A ello se suma la presencia histórica de actores armados, factores que terminan afectando la participación electoral», señala Alcides Tobón.

En estos territorios, desplazarse hasta un puesto de votación puede representar mayor tiempo en movilidad, una realidad muy distinta a la de los municipios más urbanos del Oriente.

El análisis de Nury Gómez muestra que, pese a esas dificultades, también existen señales positivas. La subregión de Embalses pasó de registrar una participación cercana al 42 % en 2014 a un 60 % en 2026 en primera vuelta. «Es una subregión que comienza a conectar con mayor fuerza la política nacional con temas como el turismo, el agua, la sostenibilidad, la infraestructura y las oportunidades económicas», explica.

Bosques también evidencia un crecimiento importante, pasando de aproximadamente el 39 % al 55 % en el mismo periodo. La situación es más desafiante en la subregión de Páramo, donde la participación aumentó del 38 % al 52 %, aunque sigue siendo la más baja del Oriente.

Una nueva prueba para la cultura democrática del Oriente

Las consultas populares históricamente registran menores niveles de participación – Fotografía: cortesía

Ese capital democrático tendrá un nuevo examen con la Consulta Popular para la posible conformación del Área Metropolitana del Valle de San Nicolás. El mecanismo permitirá que los ciudadanos de Rionegro, La Ceja, El Retiro, Guarne, El Carmen de Viboral, El Santuario, La Unión y San Vicente Ferrer decidan en las urnas si respaldan la creación de esta figura de integración territorial.

Para Juan José Rincón Hurtado, el comportamiento electoral podría ser distinto al observado en unas elecciones presidenciales. «Las consultas populares históricamente registran menores niveles de participación. Mucha gente todavía no entiende qué es un Área Metropolitana, cuáles son sus funciones o cómo impactaría su municipio», explica.

Además, considera que este tipo de procesos suele terminar influenciado por la percepción que los ciudadanos tienen sobre las administraciones municipales, consultas que terminan convirtiéndose en un plebiscito sobre el alcalde de turno, aunque realmente no lo sean.

Alcides Tobón coincide en que la participación probablemente será inferior a la registrada en las elecciones presidenciales. Sin embargo, considera que la consulta representa una oportunidad para que el Oriente Antioqueño vuelva a demostrar la fortaleza de su cultura democrática. «El Altiplano lleva cerca de tres décadas discutiendo la posibilidad de conformar un Área Metropolitana. Será la ciudadanía quien tenga la última palabra y más allá del resultado, el proceso representa una nueva oportunidad para seguir siendo ejemplo de movilización democrática», concluye.

En conclusión, si algo parecen demostrar las cifras de las últimas décadas es que más que una participación ocasional, el Oriente Antioqueño parece haber construido una verdadera cultura democrática, donde acudir a las urnas hace parte de la identidad de buena parte de sus habitantes.

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