
Por: Jesús Gonzalo Martínez C.*
El 9 de febrero de 1926 Rionegro padeció la conmoción producida por la muerte del periodista y hombre de letras don Juan José Botero Ruiz, actor de primera fila en aquel proceso cultural de fina confección que caracterizó la ciudad en aquel siglo XIX bajo la influencia de ilustradas personalidades provenientes del viejo mundo. El periodismo, la música y las artes escénicas fueron fibras de aquel despertar a una nueva realidad en la que el refinamiento social se expresó de una y otra manera, de un lado transpirando el orgullo provocado por las glorias militares de los hijos que habían participado de la gesta de la independencia, y de otro, exhibiendo los linajes del señorío de familias que gozaban de gran distinción y hacían alarde de su descendencia sanguínea de prestantes troncos españoles.
Cuando se invoca el recuerdo de Juan José Botero inevitable resulta recordar su condición de soldado que combatió al lado de Tomás Cipriano de Mosquera a la sazón de los conflictos políticos que padeció Colombia en el momento subsiguiente a las luchas independentistas y correspondiente en su proceso de formación; apartado de la guerra se dedicó a la agricultura con especial consagración al cultivo del café en lo que apenas se daban las primeras experiencias en Antioquia, actividad que alternó con su afición por el periodismo y la misma literatura, dos campos que no le ofrecieron mayor dificultad por su facilidad de expresión y habilidad en el repentismo. En su pensamiento se formó al tenor de los recientes recuerdos de la gesta de la independencia en tanto en su casa se conservaban frescos los vientos militares de su padre José María Botero Villegas, también nacido en Rionegro, quien ofició como edecán del Libertador Simón Bolívar, y desde luego influenciado por un contexto social en el que se vivían las secuelas del tránsito de la esclavitud y el servilismo a unas formas de vida que paulatinamente se empoderaban en el goce de los derechos del hombre; de allí que sea frecuente hallar en sus escritos referencias en las que destaca al general José María Córdova, y con la otra cara la realidad latente de su tiempo en Lejos del nido, la novela que ha trascendido en la historia de las letras antioqueñas e igual ha mantenido vigente la memoria del insigne escritor Botero Ruiz.
Justamente es Lejos del Nido un referente que aparece en las páginas de la historia de Rionegro como rica pieza de la producción literaria que llama la atención por sus particularidades, por el momento y el personaje que le dio sello de singularidad al Rionegro culto de la segunda mitad del siglo XIX y dos primeras décadas del XX, período en el que se marcaron profundas huellas como herencia perpetuadora de una identidad con los valores del señorío y la ilustración. De allí que no sea necesario acudir a odiosas comparaciones, exaltaciones inapropiadas, o empoderamientos más allá de una lectura objetiva para comprender que el bonachón y buen ciudadano hace parte del gran mosaico de hombres que doraron el escudo de Rionegro con excelsas virtudes y que lograron hacer del cultivo de las artes y las letras una expresión de la distinción social, del refinamiento intelectual, el señorío, o simplemente la manifestación de las sensaciones y emociones de un pueblo alegre, entusiasta y con gran conciencia de su destino; de alguna el personaje que con sus múltiples facetas ayuda a identificar aquella ciudad de una gran riqueza cultural como confluencia del cultivo del intelecto y el amor por el arte, con la música y el periodismo como virtudes dominantes.
Don Juan José Botero a muy temprana edad desempolvó las huellas del camino del payanés don Antonio Balcázar en el campo del periodismo y la impresión durante el tiempo que vivió en Rionegro sirviendo inicialmente al gobierno de don Juan del Corral Alonso, y con sapiencia siguió su ejemplo. En el ambiente y condiciones de las bregas libertarias la ciudad había conocido de las bondades de los papeles que rodaban por los diferentes espacios transmitiendo noticias, mensajes e ideas del gobierno en formación y editadas en la pequeña imprenta de Balcázar, el pionero en Antioquia del sacrosanto oficio de impresor y las maravillas de la imprenta. Es de recordar que fue en la imprenta de don Manuel Antonio Balcázar en la que se editaron los documentos de la revolución de Córdova en 1829.
Así que don Juan José Botero con su habilidad de expresión, su gracia en el humor, su sociabilidad, su repentismo, su bien cultivado civismo, su amor por la tierra y sentimiento patriótico halló en el periodismo el campo más fructífero para la comunicación de su producción literaria, ideas y asuntos propios de un pueblo en interacción en la cotidianidad, las costumbres y dinámicas de la cultura en todo orden y ello en razón del estilo y contenidos de esos periódicos caracterizados por el patriotismo y el exquisito gusto por la literatura, la sátira y el humor.
Si en la actividad del campo desplegó grandes energías, no fueron menores en el campo del periodismo, fue redactor de los periódicos La Golondrina y El Estudio, colaboró con La Aldea, El Oasis, El Repertorio, El Álbum, La Pluma, El Hogar, El Ruiz, La Semana Literaria, El Liceo Antioqueño, Antioquia Literaria, El Pasatiempo y La Tertulia. En los periódicos publicados entre 1869 y 1880 don Juan José Botero trabajó al lado de personajes como Federico Jaramillo Córdoba, Juan Cancio Tobón, Ricardo Campuzano, Eleuterio Ramírez, Fidel Cano, Juan B. Posada, Alejandro Villegas, Atilano Rodríguez; todos ellos hombres de letras y responsables del brillo intelectual de la ciudad en aquel siglo XIX. En La Golondrina, que circuló a partir del 22 de mayo de 1880 bajo su dirección, en edición especial publicó la Corona fúnebre de Juan Cancio Tobón como homenaje al poeta rionegrero. Fue cercano a El Centenario, periódico dirigido por Carlos Arbeláez T., Pascual Uribe Ruiz y Ramón Correa Mejía y al prestigioso grupo de intelectuales encargados de la organización del Primer Centenario del Natalicio del General Córdova, los que tuvieron en ese periódico la plataforma para la defensa de Rionegro como tierra de Córdova, conflicto en que se tranzó esa generación con la población de Concepción.
Así que recordar a don Juan José Botero cien años después de su muerte, también es volver sobre esos momentos históricos, esos hechos trascendentes y esas personalidades que con sus actuaciones y pensamiento generaron marcas cargadas de magia, los que dieron lugar a un acumulado de simbolismos, sentidos, formas y expresiones con el valor de la riqueza en términos de ideología, cultura e historia. Su recuerdo liga a los rionegreros con profundo afecto a los convulsionados tiempos de los sacrificios y las glorias del período de la independencia y a los hechos del común de una sociedad que paulatinamente aprendió a vivir libre en el siglo XIX.
* Bibliotecólogo y escritor rionegrero.
