Por: Jesús Gonzalo Martínez C.*
Hoy ya no es extraño que la juventud de la provincia explore con entusiasmo en el universo de la cultura y se decida por profesiones y campos del conocimiento antes reservados a sociedades privilegiadas en oportunidades de acceso a la educación universitaria dando más valor a lo que responde a sus sueños que a los posibles deseos de escalar en condición social o pensar en el mayor usufructo del mercado profesional. Estos jóvenes, con la claridad en sus ideales y la convicción del camino a recorrer para alcanzarlos, marcan una diferencia y le muestran a la sociedad que antes que alcanzar status económico o figuración social, buscan cumplir con el deseo de recorrer el camino por el campo del conocimiento que se constituye en llamado de su vocación, de sus inclinaciones intelectuales, su visión del mundo y sus mismos sueños.
La ruptura con la tradición familiar de enorgullecerse al contemplar en el hijo su formación en profesiones socialmente reconocidas con el rol de doctorados, caso de la medicina, el derecho, las ingenierías, la misma teología, ha significado una profunda apertura a la libertad de elección de una carrera en la juventud, de superación de esos prejuicios sociales y ha contribuido a la democratización de la educación y los medios para acceder al conocimiento.
Un buen ejemplo de ese cambio de mentalidad social respecto al estatus que otorga la educación universitaria es el de los jóvenes Andrés Felipe González y Luis Miguel Zapata Giraldo, jóvenes inquietos que en buen momento se inclinaron por el estudio de la filología con convicción plena de llegar a alcanzar en este ramo del saber su realización profesional y encontrar allí los medios y fundamentos para su proyección como líderes actores en su campo profesional.
Luis Miguel ya superó el feliz momento de su proceso de formación profesional al cumplir la oportunidad de sustentación de su trabajo de grado para hacerse digno portador del título de Filólogo Hispánico, y exitosamente cumplió el requisito establecido por la U. de A., así su trabajo de grado titulado “Hermanar el amor, la belleza y la tristeza: vida y obra de Juan Cancio Tobón Villa (1849-1904) en el panorama de la literatura antioqueña del siglo XIX”, ha adquirido ese carácter de tesis que desde ahora entra a enriquecer la colección de producción de contenidos locales y que seguramente será un documento en el que se posarán muchas miradas de estudiosos de la literatura antioqueña y muy particularmente de los que se esmeran por el estudio de personajes de tal singularidad como el “Turpial de Oriente”, cultores de las letras cuya memoria ha permanecido empolvada en las páginas de periódicos y legajos de papeles que por tradición han permanecido en los viejos baúles de familia.
Este joven al investirse con la toga de nuevo profesional en la sociedad, ya le ha entregado a Rionegro una investigación de la mayor importancia en el campo de la literatura, la que seguramente contribuirá a un mayor conocimiento y comprensión de los aportes de algunos personajes nacidos en esta tierra a la literatura antioqueña y desde luego a la literatura hispanoamericana. En años recientes (2009) Andrés Felipe Ramírez Zuluaga, adelantó similar iniciativa con su trabajo de grado titulado “Una aproximación a Lejos del nido de Juan José Botero.
Consideraciones sobre el espacio literario”; pero en realidad el primer trabajo académico realizado por un rionegrero como preparación para obtener un título profesional de Agrónomo Veterinario en la Escuela de Agronomía de Antioquia fue el realizado por Clemente López Lozano en 1922.
Luis Miguel y Andrés recibirán la patente que los pondrá en punto de partida en su anhelado viaje por el estudio, valoración e interpretación del lenguaje en el mundo hispánico, el que harán equipados de su formación académica y su ambición por penetrar en las intimidades de la lengua en su constante proceso de evolución. Queremos contemplarlos en ese alegre y entusiasta vuelo para el cual se han venido preparando con disciplina, constancia y esmero, tanto desde su pasión por la lectura como desde su capacidad investigativa con ese rigor en el escrutinio documental propio tan solo de quienes toman en serio la apropiación del conocimiento.
Ambos jóvenes están llamados a volar muy alto, porque en su ser hay convicción, en su juicio hay responsabilidad y en su expresión frente a la vida hay seguridad y confianza personal. Seguramente que su campo de trabajo profesional no está aquí porque esta sociedad no está preparada y menos urgida de estos conocimientos y tampoco está preparada para hacer esa separación de las actividades y rutinas para la subsistencia del día a día de las necesidades espirituales y valores esenciales de la cultura; desde su confianza seguramente los espera esa puerta franca a las oportunidades en un medio en el que desplegarán todo su talento y fundamentación profesional; mucho aportarán a la cultura y mucho señalarán como virtud en el ejercicio responsable de una profesión. Es deseo que estos jóvenes profesionales hallen en su camino la luz orientadora por la que se ha guiado Karla Gómez Giraldo, joven rionegrera que no ha vacilado en lanzarse al mundo tras el llamado de una oportunidad de desempeño profesional como Filóloga Hispanista, campo en el que avanza en su consolidación en conocimientos a partir de su esmero en el estudio, su ambición y disciplina, contando ya en sus logros con especialización en lingüística y los primeros pasos en la docencia universitaria en la Universidad Internacional de La Rioja.
Si lamentamos el conformismo de las mayorías con su precaria educación y la frustración de tantísimos profesionales, no podemos dejar de reconocer y de admirar a estos jóvenes y muchos otros que con ahínco se esfuerzan en darle sentido de su existencia y se esmeran en proyectarse exitosamente en sus profesiones.
* Bibliotecólogo y escritor rionegrero.

