Leyendo: Principios para una propuesta de integración y planificación territorial (I)

Principios para una propuesta de integración y planificación territorial (I)

Por: Erney Montoya Gallego* 

Las tensiones políticas ocasionadas por la iniciativa de conformar un área metropolitana en el Altiplano son una demostración de que en el territorio del Oriente Antioqueño se quiere imponer una lógica o visión del mundo exógena, reductiva, dualista y centrada en intereses político-económicos de unos pocos que no están dialogando con las visiones de territorio de muchos habitantes de la subregión. Lo que estamos observando son conflictos por visiones diferentes acerca del territorio y de la vida.

Suspendida la consulta popular, se abre la oportunidad de generar un diálogo subregional para imaginar y crear otras formas de integración, encontrarse para propiciar un diálogo amplio, plural y horizontal, en el que la multiplicidad de actores se conozca y se reconozcan, con miras a cooperar en la proyección de un futuro construido colectivamente y no impuesto desde fuera y por unos pocos. 

En el presente artículo, con ánimo propositivo, ofrezco algunos principios que pueden considerarse en una iniciativa endógena, basados en ideas de autores de diversas disciplinas y desde perspectivas alternativas. Espero que sean tomados como un aporte y articulados a una propuesta territorial de planificación y una visión de desarrollo propia, desde perspectivas territoriales-culturales. Los principios se dirigen a una propuesta centrada en el concepto de “territorio-región”, en la que se rescaten concepciones como “región-sujeto”, “territorio vivido” y “territorio habitado”, proyectadas en décadas pasadas pero echadas al olvido por la predominancia de actores público-privados en la planificación territorial.

Es necesario pensar una propuesta de construcción de territorio que supere el modelo de “ciudad-región” por su carácter expansionista, visión que prioriza el crecimiento urbanístico basada en una racionalidad recentralizadora y concentradora del poder político-económico. Es necesario, también, contribuir a la imaginación creativa que ponga en movimiento toda una estrategia para la re-apropiación cultural del Oriente Antioqueño, su base natural y sus identidades. Es claro, desde la concepción de territorios tradicionales que se empiezan a mezclar con espacios tardomodernos, lo cual viene estableciendo nuevas territorialidades que piden articular propuestas concretas que ayuden a crear puentes entre visiones distintas.

El primer principio es la necesidad de una “conversación social amplia y plural”, que requiere de un proceso de alfabetización sobre democracia y participación. Los promotores del área metropolitana deben entender que la democracia no empieza ni termina en el voto -menos aun, si se trata del voto de una minoría-. No, señores. La democracia empieza en el hogar, la vida cotidiana, la empresa, la calle y el parque, el jardín infantil, el colegio y la universidad… Y tiene como destino la vida comunitaria, la convivencia, la resolución de conflictos, los escenarios de la política formal, la planificación y la construcción de territorios.

Segundo, una “amplia cultura de la participación”. Que sea una participación sinérgica, como lo propone María Cecilia Múnera: amplia, libre, incluyente, vinculante, horizontal, identitaria. Una participación así entendida y así ejecutada aportaría de forma sustancial a procesos de desarrollo entendidos como una construcción desde la base socio-cultural plural del territorio, auto-gestionada, auto-orientada, con dinámicas propias, de largo aliento.

Tercero, que parta de “visiones propias de desarrollo”, consecuencia lógica de una participación sinérgica. Una propuesta de planeación territorial que contempla las dimensiones ecológica, social, cultural y económica del desarrollo. Tiene como fundamentos las propias visiones culturales, formas tradicionales de producción social y de organización de la vida. Se trata de una propuesta que busca garantizar el “derecho a una visión propia de futuro”, dice Arturo Escobar.

El rechazo a esquemas de integración que priorizan el crecimiento urbanístico, como el área metropolitana, nace justamente de la necesidad urgente de pensar un futuro desde lógicas culturales-políticas relacionales, horizontales y cooperativas de los territorios de vida y de diferencia. Este principio, por tanto, hace referencia al derecho de imaginar y construir un desarrollo propio, acordes con las aspiraciones y modo de concebir la vida de los habitantes, garantizando la permanencia y despliegue de su diversidad cultural, en armonía con la biodiversidad natural. Se trata de avanzar en la concepción e implementación de un modelo propio que parta de las prácticas tradicionales y las diversas territorialidades que coexisten en el Oriente Antioqueño.

Un cuarto principio clave es la “conservación de la biodiversidad”. Esto no cae bien entre quienes tienen una visión utilitarista de la naturaleza. Pero deben entender que la resistencia social frente a modelos extractivistas proviene de una visión según la cual “sin las condiciones materiales y culturales para la reproducción de la vida (el territorio) no hay dignidad”, dice Arturo Escobar. La biodiversidad es la complementariedad y relacionalidad entre territorio y cultura. “Es decir, no hay conservación sin control del territorio y toda estrategia de conservación tiene que partir de los conocimientos y prácticas culturales de las comunidades”.

La “autonomía”, quinto principio, es un aspecto central en toda propuesta o estrategia de planificación territorial. Pero es un concepto que hay que entender más allá de la autonomía de las entidades territoriales y sus instituciones. También es respeto y consideración por el pensamiento propio de los actores sociales, en la que se resignifique de forma dinámica la posibilidad del encuentro, diálogo, conocimiento y reconocimiento, para lograr la cooperación entre los sujetos singulares y colectivos, y entre estos con las instituciones del Estado, la academia, las organizaciones y las empresas.

En la próxima edición compartiré otros principios. Hasta acá, el proceso sociopolítico y cultural que necesita la subregión requiere iniciar con la construcción amplia y participativa -democrática- del concepto de territorio. Debe sustentarse en el proyecto de vida de las comunidades, el proyecto político integrador y relacional de todas las organizaciones y la resignificación de la autonomía como mediación entre tal proyecto de vida y tal proyecto político. 

* Docente universitario

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