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Territorio-región: más principios para una propuesta de integración y planificación territorial (II)

Por: Erney Montoya Gallego* 

IG: @erneymg

El debate suscitado ante la posible conformación de un área metropolitana en nuestra subregión puso en evidencia algo más trascendental que una simple discusión jurídica o administrativa. Lo que verdaderamente está en juego es la manera como concebimos el territorio, el desarrollo y el poder. Detrás del lenguaje técnico y de las promesas de eficiencia se esconde una visión de integración que tiende a re-centralizar decisiones, uniformar realidades y subordinar la diversidad territorial a una lógica urbano-económica dominante y uniformizada.

Frente a este escenario, sea que haya o no consulta popular, se requiere ampliar el horizonte y preguntarnos, como sujetos políticos del territorio, si existen alternativas de integración que superen la controvertida figura del área metropolitana. Entre todos podemos aportar ideas que nos permitan construir una propuesta de asociatividad legítima y más coherente con la historia, identidades y diversidad que posee el Oriente Antioqueño. En este artículo propongo otros cinco principios, que se suman a los que ya presenté en la edición anterior. 

Es necesario recordar, en primer lugar, que estos principios tienen como horizonte posible el concepto o la idea de territorio-región, inspirada en el pensamiento del antropólogo colombiano Arturo Escobar. Desde este enfoque entendemos el territorio como un entramado vivo de relaciones entre comunidades, ecosistemas, memorias, identidades, imaginarios, prácticas culturales y economías locales. Como se puede notar, es una visión opuesta a la que encarna la figura del área metropolitana, que ve el territorio como un espacio que se organiza desde arriba, que se planifica prioritariamente como soporte de actividades económicas y de expansión urbanística, que promete “juntar” pero bajo jerarquías claras, con un municipio núcleo que concentra el poder. 

Un principio clave es el derecho al territorio o, lo que es lo mismo, derecho a un entramado de relaciones para ser. Pero, como afirma Escobar, “no podremos ser si no tenemos el espacio para vivir de acuerdo con lo que pensamos y queremos como forma de vida”. El desarrollo y la recreación de la visión cultural-política propia del Oriente Antioqueño requiere como espacio vital el territorio. Esto exige la afirmación y reafirmación del ser, entendido como el derecho a las identidades propias. No puede ser la visión homogeneizadora de quienes quieren expandir la ciudad-región, a quienes no les conviene la diversidad de visiones porque necesitan la uniformidad para poder imponerse.

Unido a este proponemos el principio de gobernanza territorial. Este implica que la construcción del territorio y de los modelos de desarrollo involucre el diálogo entre los múltiples actores, convoque la pluralidad territorial, articule las visiones y propuestas de los sectores comunitarios, públicos y privados. Asumido como un proceso que mira el territorio de manera compleja e incluyente, la gobernanza implica considerar los puntos de vista de las lógicas culturales de los habitantes y actores históricos y quienes se han venido integrando a los territorios del Oriente Antioqueño, de sus maneras particulares de ver el mundo, de sus visiones de la vida en todas sus expresiones: ecológicas, sociales, políticas y económicas. 

Se trata, por tanto, de un diálogo de saberes que, además, supere a la ciencia y al conocimiento científico como la única forma de conocimiento. No es ético ni político invisibilizar y descalificar las múltiples formas de saberes existentes en los territorios. Por eso, la planificación y la integración supramunicipal no se deben proyectar sola o prioritariamente desde informes técnicos. 

Otro fundamento es asumir la planeación territorial como proceso y como escenario. “Es un proceso que comprende dinámicas sociales y políticas para la identificación de problemas y potencialidades del presente y la formulación de apuestas de futuro. Es también un escenario público de encuentro e interlocución entre actores diversos y con diferentes intereses, que están dispuestos a deliberar y a construir consensos básicos sobre metas de bienestar”, explica Fabio Velásquez. Es decir, la planeación no puede reducirse a un mero asunto de especialistas o tecnócratas. De hecho, la idea de territorio-región no propone crear un nuevo ente burocrático ni negar la autonomía municipal; al contrario, plantea una integración sin subordinación, donde los municipios se articulan desde la cooperación, no desde la competencia; desde la horizontalidad, no desde la jerarquía.

En lugar de un centro hegemónico, el Oriente Antioqueño lo que pide es un modelo de integración y de planificación con territorios múltiples. Históricamente, cada zona y cada municipio ha aportado desde su especificidad al conjunto territorial subregional. La planificación y la integración deben partir del reconocimiento de las interdependencias entre municipios, campo y ciudad, cuencas hídricas y sistemas productivos. En la idea de territorio-región no hay “centro” ni “periferia”, sino territorios conectados por relaciones ecológicas, sociales culturales, políticas y económicas.

Por último, sin querer decir que no existan otros principios, cierro con este: economías para la vida. La planificación e integración subregional deben priorizar economías que sostengan la vida: campesinas, solidarias, culturales y ecológicas, desde luego, articuladas con los modelos convencionales. Esto contrasta con el modelo metropolitano, que suele favorecer la especulación del suelo, la urbanización acelerada, la concentración de beneficios en el “centro” y la asignación de cargas a las “periferias”. La idea de territorio-región pone la conservación ecológica como condición del futuro, no como obstáculo al crecimiento.

A diferencia de lo que algunos discursos sugieren, ni el Altiplano ni el Oriente Antioqueño necesitan un área metropolitana para integrarse y dirigir su planeación. Ante las realidades y coyunturas que hoy enfrenta el Oriente Antioqueño, de lo que se trata es de reinventar el territorio como espacio de vida, a partir de una política de la diferencia. Territorio-región propone integrar sin borrar identidades, planificar sin imponer modelos únicos y construir futuro desde abajo, desde las comunidades y los ecosistemas que hacen posible la vida en la subregión.

* Docente universitario

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