Entre el río y la montaña, una bioexpedición para descubrir la riqueza natural y cultural del territorio

Líderes sociales, campesinos, emprendedores e investigadores coinciden en que el futuro de la región también depende de conservar historias, prácticas y aprendizajes transmitidos durante generaciones.

Durante años, buena parte de los conocimientos sobre plantas medicinales, caminos ancestrales, fuentes de agua, bosques, formas de cultivo y maneras de habitar el territorio han permanecido en la memoria de campesinos, líderes comunitarios y habitantes rurales del Oriente antioqueño y el Magdalena Medio. Muchos de esos saberes no aparecen en libros ni en investigaciones académicas, pero siguen vivos en conversaciones familiares, recorridos por las veredas y experiencias transmitidas de generación en generación.

Esa realidad estuvo en el centro de la conversación que marcó el inicio de la Bioexpedición Entre el Río y la Montaña, una iniciativa que recorrerá territorios comprendidos entre San Francisco y Puerto Triunfo con el propósito de reconocer la biodiversidad, reconstruir memorias locales y generar conocimiento a partir del encuentro entre comunidades e investigadores.

La expedición tomará como inspiración el antiguo Camino de Mulatos, una ruta que durante los siglos XVIII y XIX conectó el río Magdalena con el interior de Antioquia y que se convirtió en corredor para la arriería, el comercio y el abastecimiento de poblaciones. Siguiendo parte de esa huella histórica, el recorrido avanzará por las cuencas del río Samaná Norte y el Magdalena Medio colombiano en una inmersión de doce días de trabajo de campo.

Antes de iniciar ese recorrido, el proyecto abrió un espacio para escuchar las voces de líderes y lideresas de Cocorná, San Francisco, San Luis, el Magdalena Medio sonsoneño, Puerto Triunfo y Puerto Nare. Más que una presentación institucional, el encuentro se convirtió en una conversación sobre la memoria, la identidad y los conocimientos que las comunidades consideran necesario preservar para las generaciones futuras.

A medida que avanzó el diálogo apareció una preocupación que compartieron. Muchos de los conocimientos relacionados con plantas medicinales, gastronomía tradicional y formas de vida rural permanecen principalmente en los adultos mayores. Ana Ligia Higinio, líder comunitaria del corregimiento de Aquitania, llamó la atención sobre la necesidad de acercar a niños y jóvenes a esos saberes para evitar que desaparezcan con el paso del tiempo.

La conversación también permitió entender que la biodiversidad y la cultura forman parte de una misma realidad territorial. Para Arnulfo Berrío Naranjo, representante de la Red de Turismo de San Luis, comprender la historia de antiguos caminos, los procesos de poblamiento y la relación construida entre las comunidades y la naturaleza puede abrir nuevas oportunidades para fortalecer la identidad de la región. Sin embargo, insistió en una idea que encontró eco entre varios asistentes. “Los estudios deben volver a las comunidades”, porque son ellas quienes conservan buena parte del conocimiento que hoy se busca documentar.

Ese planteamiento atravesó buena parte de la jornada. Los participantes coincidieron en que la información obtenida durante la bioexpedición no debería quedarse únicamente en informes técnicos o publicaciones académicas. La expectativa es que contribuya a fortalecer procesos comunitarios, apoyar iniciativas productivas, enriquecer la educación local y brindar herramientas para la toma de decisiones sobre el territorio.

En medio de la conversación surgió otra reflexión. Quienes viven diariamente junto a los bosques, las quebradas y los caminos rurales también son observadores permanentes de los cambios que ocurren en los ecosistemas. Jaime Montoya, habitante de Cocorná, y André Duque, integrante del Consejo de Paz de Vigía del Río Dormilón, coincidieron en que las comunidades deben participar no solo en la generación de información, sino también en las decisiones relacionadas con la protección y el futuro de estos territorios.

La ciencia participativa apareció entonces como uno de los conceptos más cercanos a las expectativas expresadas por los asistentes. Diego Marín, emprendedor de Puerto Triunfo, destacó la importancia de que las herramientas y conocimientos que surjan del proceso permanezcan en manos de las comunidades una vez finalicen las actividades de investigación. La intención, según expresó, es que las personas continúen utilizando esos aprendizajes para fortalecer iniciativas locales.

La conversación también abrió espacio para reflexionar sobre la memoria, la identidad y el valor de las historias locales. Antiguos senderos, relatos familiares, prácticas agrícolas, conocimientos tradicionales y experiencias comunitarias fueron mencionados como parte de un patrimonio que merece ser reconocido y compartido con las nuevas generaciones.

La Bioexpedición Entre el Río y la Montaña contempla la construcción de una línea base de biodiversidad, la identificación de oportunidades relacionadas con la bioeconomía y la generación de información para los municipios vinculados al proyecto. Sin embargo, el mensaje que dejó este espacio fue más amplio. El verdadero valor de este proceso parece estar en la posibilidad de conectar el conocimiento científico con la experiencia acumulada por quienes durante décadas han cuidado, recorrido y comprendido estos territorios, reconociendo que el futuro de la región también se construye a partir de la memoria y de los saberes que permanecen en sus comunidades.

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