Incertidumbre

Por: Carlos Humberto Gómez*

X: @chgomezc

La incertidumbre ha acompañado siempre al ser humano. Es una condición inevitable de la vida: no saber qué ocurrirá mañana, no tener todas las respuestas, avanzar aun cuando el panorama no es del todo claro. La diferencia está en cómo la gestionamos. Cuando la incertidumbre es natural, se enfrenta con planeación y responsabilidad; cuando es producto de decisiones inconclusas o promesas sin materializar, termina convirtiéndose en ausencia de certezas y en una sensación permanente de inestabilidad.

Incertidumbre es no saber cuánto es el salario mínimo, aun después de haberse expedido un decreto al cierre del mes de diciembre que lo fijaba para el nuevo año y que, avanzado el calendario, aún no exista claridad definitiva sobre un valor que impacta contratos, nóminas, presupuestos familiares y decisiones empresariales. Incertidumbre es que lo que parecía definido vuelva a ponerse en discusión y que miles de decisiones cotidianas queden en pausa.

Incertidumbre es que hayan pasado ocho años desde la afectación de predios en cuatro veredas de Rionegro y, aunque posteriormente se hayan desafectado, aún no exista definición clara sobre el proyecto de ampliación de la segunda pista del aeropuerto José María Córdova: cuánto va a costar, qué intervenciones se realizarán y si la transición de gobierno lo asumirá como una prioridad inmediata o lo dilatará en el tiempo. Las comunidades esperan decisiones.

Incertidumbre es que, cuatro años después de haberse prometido una Universidad para la Paz en el Oriente antioqueño, no exista confirmación concreta sobre su ejecución. Que la expectativa permanezca en anuncios y que el territorio continúe aguardando una respuesta que fue presentada como oportunidad para la educación y el desarrollo regional.

Incertidumbre es también la que viven los habitantes de la zona de Bosques —Cocorná, San Francisco, San Luis— y del corredor hacia el Magdalena Medio, hasta el sector Caño Alegre, frente a las obras viales anunciadas en el Plan Nacional de Desarrollo. Se habló de mejoramiento vial; hoy la discusión gira en torno a la continuidad de la inversión privada en este tipo de proyectos. Sin decisiones claras, seguimos a la espera.

Incertidumbre es que visitas ministeriales, como la del Ministerio de Defensa en noviembre de 2024, dejen más expectativas que soluciones en materia de inversión social y seguridad. La presencia institucional genera esperanza, pero cuando no se traduce en acciones concretas, la sensación que queda es de tiempo perdido.

Incertidumbre es que las promesas de campaña al Congreso se conviertan en estrategia para alcanzar una curul y luego no se traduzcan en rendición de cuentas ni en participación activa en las decisiones que afectan al territorio. Cuando los electores perciben distancia entre el legislativo y sus necesidades, crece la sensación de desconexión y desconfianza.

Incertidumbre es que al tercer año de gobierno aún estemos hablando de proyectos en planos y modelaciones en render. ¿Dónde están las obras que llevamos escuchando durante los dos primeros años? La gestión pública no es un contrato a término indefinido; los plazos se cumplen y los resultados deben verse en el tiempo previsto.

Incertidumbre es que enfermarse ya no sea una opción: las filas en las farmacias para reclamar un medicamento que no hay; las citas médicas y de especialistas asignadas a meses; los procedimientos sin respuesta oportuna; y muchas de las preexistencias que terminan cobrando la gravedad o el deceso de adultos mayores y niños en mayor medida. A la vez, hospitales y clínicas resisten, dan explicaciones por la falta de atención oportuna y enfrentan las consecuencias de un sistema de salud que los asfixia y los tiene al borde de la quiebra porque las EPS no giran los recursos ya invertidos en la atención de los pacientes.

Incertidumbre es la que generan los titulares de noticias en redes sociales que, en buena parte, están manipulados y no muestran la realidad. Titulares ajenos al contenido y diseñados para captar clics, en busca de más audiencias que al final solo se convierten en estadísticas de reproducciones o tráfico hacia páginas sin información de valor.

La incertidumbre no puede convertirse en costumbre. Cuando se vuelve permanente, erosiona la confianza, frena decisiones y debilita la esperanza colectiva. Gobernar, legislar, administrar y comunicar implica ofrecer certezas, no prolongar indefiniciones. El territorio necesita claridad, resultados y responsabilidad. La incertidumbre es parte de la condición humana; lo que no debería serlo es la falta de decisiones.

* Director Periódico La Prensa Oriente

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