Las regiones que prosperan son las que aprenden a cooperar a pesar de las diferencias

Carolina González Tabares*

IG: @cgota 

Hay una pregunta que los territorios deben hacerse en tiempos de incertidumbre: ¿qué los mantiene en pie cuando la economía se desacelera, la tecnología transforma industrias enteras y la confianza parece escasear?

La respuesta no está en una sola institución, una sola empresa o un solo gobierno. Está en la capacidad de construir colectivamente.

Durante años hemos asociado la competitividad con la capacidad de cada organización para crecer, innovar y diferenciarse; sin embargo, los territorios que hoy lideran el desarrollo mundial tienen algo en común: entendieron que la verdadera ventaja competitiva nace de la colaboración.

El Oriente antioqueño es una prueba de ello.

Mientras buena parte de la conversación pública se concentra en la polarización y las diferencias, esta región ha demostrado que es posible construir una visión compartida entre empresas, academia, comunidades e institucionalidad. Esa capacidad de sentarse en la misma mesa para resolver desafíos comunes explica buena parte de su transformación.

Hoy el Oriente antioqueño supera las 25.000 empresas activas, aporta cerca del 10 % del PIB de Antioquia y mantiene uno de los ritmos de crecimiento empresarial más dinámicos del departamento. Pero el dato más importante no es cuánto ha crecido la región, sino cómo lo ha hecho.

Lo ha hecho construyendo confianza.

Confianza para invertir. Confianza para innovar. Confianza para generar empleo. Confianza para asumir desafíos colectivos como la sostenibilidad, la formación del talento humano, la movilidad, la competitividad y la protección de los recursos naturales.

Por eso el papel de las empresas ha evolucionado profundamente. Ya no son valoradas únicamente por lo que producen, sino por el impacto que generan en los territorios donde operan.

Las empresas afiliadas a la Corporación Empresarial del Oriente Antioqueño generan más de 70.000 empleos y han entendido que el crecimiento económico solo tiene sentido cuando se traduce en bienestar. Lo demuestran sus apuestas por la formalidad laboral, la inclusión, la innovación, la transformación digital y la sostenibilidad.

También lo demuestran las más de cinco décadas de construcción empresarial de muchas de nuestras organizaciones, que han aprendido que el éxito no consiste únicamente en permanecer, sino en contribuir al progreso colectivo.

Y es que, en tiempos marcados por la incertidumbre y la fragmentación, el Oriente antioqueño demuestra que el desarrollo es posible cuando existe confianza y capacidad para construir acuerdos en torno a objetivos compartidos.

Ese es, precisamente, el gran desafío de Colombia.

Necesitamos menos conversaciones orientadas a la confrontación y más espacios dedicados a la construcción de soluciones. Necesitamos fortalecer la confianza entre sectores y promover liderazgos que comprendan que el bienestar de una región depende de la capacidad de trabajar juntos alrededor de objetivos compartidos.

Desde la CEO seguiremos impulsando esa visión. Porque creemos que las empresas buenas para el territorio no solo generan riqueza: generan oportunidades, cohesión social y esperanza.

Y porque estamos convencidos de que las regiones que trascienden no son las que crecen solas. Son aquellas que aprenden a crecer juntas.


* Directora Ejecutiva, Corporación Empresarial del Oriente Antioqueño – CEO «Empresas buenas para el territorio».

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