Santiago Ospina – Director de la Asociación Colombiana de Ciudades Intermedias ASOINTERMEDIAS

Contrario a la preocupación sobre la pérdida de autonomía, la integración en un Área Metropolitana significa una ganancia de autonomía regional y de competencias. Al unirse, los municipios pueden asumir decisiones que antes estaban centralizadas en instancias departamentales o nacionales, lo que fortalece la capacidad de gestión local y combate el centralismo.

Desde la visión experta e institucional de Santiago Ospina, la conformación de un Área Metropolitana en el Valle de San Nicolás, en el Oriente Antioqueño, es un elemento fundamental para la construcción del Estado Social de Derecho. Ospina subraya que esta iniciativa no es una improvisación, sino una respuesta necesaria a la realidad de aglomeración urbana que ya opera de facto en la región. Los municipios del Valle de San Nicolás están interconectados por dinámicas como la movilidad, el acceso a servicios y el uso del suelo, lo que demanda una institucionalidad supramunicipal que permita una planificación coherente y eficiente para potencializar la gestión pública.

Una de las principales bondades de este esquema asociativo es su capacidad para abordar desafíos que trascienden las fronteras municipales individuales. Como «esquema asociativo» con autoridad administrativa, el Área Metropolitana permitirá tomar decisiones de autoridad en temas cruciales como el medio ambiente, el ordenamiento territorial, el tránsito y el transporte. Esto facilitaría la implementación de políticas públicas más ágiles y efectivas en áreas como la vivienda, y permitiría la formulación conjunta de proyectos que serían complejos para un solo municipio. Por ejemplo, se podrían concertar modos de transporte masivo o discutir usos del suelo fronterizos para asegurar una convivencia armónica.

Contrario a la preocupación sobre la pérdida de autonomía, Santiago Ospina argumenta que la integración en un Área Metropolitana significa una ganancia de autonomía regional y de competencias. Al unirse, los municipios pueden asumir decisiones que antes estaban centralizadas en instancias departamentales o nacionales, lo que fortalece la capacidad de gestión local y combate el centralismo. La posibilidad de que la propia Área Metropolitana, a través de sus órganos de decisión, asuma la autoridad en temas clave es un empoderamiento real para los alcaldes y sus territorios, permitiendo una mayor efectividad en la administración pública.

El crecimiento demográfico acelerado del Valle de San Nicolás, impulsado por la industrialización, los corredores comerciales y la presencia del aeropuerto José María Córdova –un hito que ha jalonado el desarrollo de múltiples municipalidades–, hace que la planificación regional sea una necesidad urgente. Una Área Metropolitana permitirá una planificación armónica con el desarrollo sostenible y humano, asegurando un equilibrio entre crecimiento y desarrollo para las futuras generaciones. Además, facilitaría que el aeropuerto sea considerado como un activo propio de todos los municipios que lo rodean, integrando su planificación en proyectos de gobierno compartidos.

Finalmente, Ospina destaca que el modelo del Área Metropolitana es singularmente democrático, ya que la decisión final recae en el ciudadano a través de la consulta popular. Este ejercicio de democracia confiere una legitimidad fundamental al esquema, asegurando que la integración responda a la voluntad popular. En un mundo de creciente interdependencia, donde los ciudadanos viven en un municipio pero trabajan, estudian o demandan servicios en otros, la unión de los entes territoriales para planificar, vivir mejor y buscar la felicidad colectiva se convierte en un imperativo para el bienestar de todos.

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