viernes, 23 de octubre de 2026 | 4:39 pm

Campuzano, el hombre que hizo de su vida una “malasqueña”

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Estefanya Perez Arias

Por: Mauricio López Rueda

La historia de Jorge Eliécer Campuzano puede resumirse en una sola palabra, que justamente está resaltada en el título: ¡Espectacular! Sin embargo, yo prefiero añadirle muchas otras, porque también es bella, inspiradora, anecdótica, provocadora y, finalmente, emocional. Si, es la biografía de uno de los más grandes narradores deportivos en la historia de la radio y la televisión en Colombia, pero también es la historia idealizada de cada uno de los que, siendo muy jóvenes, nos echamos con esperanza al mar de las ilusiones y navegamos con fuerzahasta donde pudimos. Jorge Eliécer lo logró, y por eso vale la pena leer el libro, porque él también fue un niño con carencias, con obstáculos, pero siempre logró sortear cada encrucijada con valor y, por sobre todas las cosas, apoyado en su familia, en el amor de su familia. 

Todas las personas de mi generación que en su juventud se interesaron por el periodismo y en especial por la prensa deportiva, soñaron, como yo, estar en la radio. No existían las redes sociales y la Internet era apenas una débil promesa de democracia informativa. La radio, entonces, reinaba en todos los hogares de Colombia y muchos de nosotros, aferrados a fervorosas utopías, soñábamos con alguna vez estar en una cabina de transmisión, o en alguna emisora, compartiendo espacio con esos hombres y con esas mujeres que parecían vivir más allá de las nubes, inmarcesibles e inalcanzables. La radio, esa caja mágica que acompañaba nuestras mañanas, tardes y noches, nos permitió conocer a quienes fueron, por décadas, nuestros faros en el periodismo. Jorge Eliécer Campuzano fue uno de esos faros, uno de esos héroes del espectro electromagnético, y gracias a él, los días de fútbol eran días de fiesta. 

Guillermo Zuluaga es un hombre de radio, no sólo porque le apasiona la radio sino porque también aprendió a describir y a narrar como si estuviera en la radio. La forma como detalla la vida de cada uno de los personajes de sus libros, la forma en la que describí los entornos, las situaciones es tan genial, que uno piensa en esos grandes periodistas de los años 70 y 80 del siglo pasado, que entendían que, para cautivar a los oyentes, era necesario pintarles imágenes con las palabras. 

El libro de Jorge Eliécer Campuzano es una larga, pero amena narración de radio. Es la descripción de la vida del hombre, del hijo, del hermano, del padre de familia, del esposo, y del soñador que se inventaba mundos sentado en costales en la vieja plaza de mercado de su natal Buga; o que creaba batallas épicas mientras veía a sus compañeros de colegio perseguir la redonda, quizás con el estómago vacío, pero con su mente atiborrada de imaginación. 

La historia de este insigne narrador, como ya dije, se parece a la de tantos que alguna vez soñamos con ser periodistas de radio. Es un pasaje a la nostalgia de los años idos, una nostalgia bonita, gratificante. A Jorge, los que tenemos cierta edad lo vimos crecer como narrador, hacerse estrella; y él, sin vernos, pero sintiendo nuestra presencia desde las cabinas, nos ayudó a navegar este mundo con esperanza. El fútbol son los sueños de niñas y niños resumidos en una indomable pelota. La voz de Jorge Eliécer mantuvo vivos esos sueños durante más de 50 años.

El libro es biográfico, informativo, anecdótico. Nos cuenta cómo se construyó el mito de Campuzano, cómo se hizo un profesional de la radio, pues en toda empresa en que estuvo dejó las puertas abiertas y miles de abrazos suspendidos; nos entrega pistas sobre cómo afrontar las vicisitudes de la vida, cómo cuidar la voz y el organismo en general para poder rendir al cien por ciento. Es un manual sobre el periodismo y la narración, pero también sobre la vida misma, sobre cómo proteger la familia y a los seres queridos y al mismo tiempo trabajar con honestidad, rectitud y profesionalismo.

Leer esta crónica de Guillermo Zuluaga es evocar el pasado, la infancia, pero también nos permite conocer al hombre detrás del micrófono, detrás de cada hazaña deportiva, detrás de cada “malasqueña”. Porque si algo enseña este libro, si acaso el legado de Jorge Eliécer puede resumirse en estas páginas de refinada prosa y poesía, es que lo importante no son las metas, los triundos y los reconocimientos. Lo realmente importante es cómo se llega, y de la mano de quién. Jorge Eliécer Campuzano no es un simple narrador, es un hombre de familia, de amores, de amigos, y la vida, para que se convierta en una inolvidable “malasqueña”, debe estar llena de eso, de aprecios, de abrazos, de valores. 

Gracias Jorge Eliécer por arrullarnos con tu voz por tantas décadas, y por enseñarnos a vivir desde el amor, porque es la única forma de que la vida sea, realmente, ¡Espectacular!

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