Entre las montañas de los municipios de El Carmen de Viboral y Cocorná, el agua se convierte en una de las grandes protagonistas del paisaje. Las cascadas, los ríos y los caminos rurales que atraviesan la zona atraen cada vez a más visitantes interesados en conocer un Oriente Antioqueño diferente, alejado del turismo convencional y conectado con la naturaleza y las comunidades que habitan estos territorios.

Uno de esos escenarios es el Valle de las Cascadas, ubicado en el cañón del río Santo Domingo, lugar donde la geografía montañosa muestra numerosas caídas de agua. Entre ellas se encuentra la cascada La Esmeralda, reconocida por sus tres caídas que, en conjunto, alcanzan un aproximado de 900 metros de recorrido. El lugar también alberga una importante diversidad de fauna silvestre y hace parte de los atractivos naturales que han puesto la mirada de los visitantes sobre esta zona rural.
Hasta allí llega Sergio López, integrante de SER, Senderismo Ecológico Responsable, quien recorre diferentes lugares del departamento con el propósito de conocerlos, promocionarlos y mostrar sus riquezas naturales a más personas. “Estamos haciendo turismo, conociendo todo el Oriente Antioqueño, promocionando y mostrándolo a las personas para que vengan y visiten estos lugares tan lindos, tan hermosos”, comenta Sergio a La Prensa Oriente, mientras guía el recorrido de la Cascada La Esmeralda, en territorio carmelitano.

Para él, el crecimiento del turismo en el Oriente Antioqueño también trae consigo una responsabilidad. La llegada de visitantes de diferentes lugares del país y del exterior representa una oportunidad para las comunidades, pero exige que estos espacios sean visitados con respeto. “Recomendarle a la gente, cuidemos estos espacios, también no hacer quemas descontroladas, las basuras, por favor no tirar las basuras por acá”, señala. Su llamado cobra especial importancia en un contexto de altas temperaturas y disminución de caudales en algunos territorios y atribuidos al Fenómeno de El Niño, por lo que insiste en que disfrutar de estos paisajes también implica contribuir a conservarlos.
La invitación a conocer el territorio, también se da desde las propias comunidades rurales. En la vereda La Palma, Gabriel Alberto Zuluaga Vásquez combina dos actividades que reflejan esa relación entre campo y turismo. Nos cuenta que durante la semana trabaja en la agricultura y los fines de semana se convierte en guía local para quienes llegan en busca de estos paisajes: “Feliz por aquí de trabajar con el turismo y gracias a Dios ahí vamos para adelante”, expresa.

Para Gabriel, cada visitante que llega representa también una oportunidad para dar a conocer el lugar donde vive. Sin embargo, considera que esa experiencia debe comenzar por una acción sencilla: recoger los residuos que cada persona genere durante su recorrido. “Que sean muy cautelosos con las basuras, que no nos dejen basuras por acá, que la basurita que entre, que la vuelvan a sacar y ya”, recomienda.
Gabriel vuelve a extender la invitación: “La gente que me conozca le recomiendo este lugar por aquí, que es un lugar excelente, muy hermoso. La gente que llega por aquí queda muy amañada y le recomiendo que vengan por acá, conocer estos lugares”.
Su testimonio refleja una de las características del turismo rural que busca fortalecer El Carmen de Viboral: que el visitante no solamente llegue a contemplar un paisaje, sino que tenga la posibilidad de acercarse a las comunidades y conocer las formas de vida del territorio. La ruta de turismo rural y comunitario del municipio comprende sus 57 veredas y propone experiencias relacionadas con las prácticas campesinas, la gastronomía, los procesos agrícolas y ganaderos, las historias locales y las tradiciones de sus habitantes.
Luis Fernando García, habitante de la vereda La Represa, en el cañón de Santo Domingo hace referencia a los atractivos que hacen parte de este corredor natural: las cascadas que se encuentran en medio de las montañas. “Tenemos unas cascadas muy bellas, la gente las visita mucho”, cuenta Luis Fernando, quien invita especialmente a quienes todavía no conocen este territorio a recorrerlo y descubrir sus paisajes. “Los invito a que vengan los que no las distinguen para que conozcan las cascadas y se hagan su tour por acá, por esta vereda”, dice.

Las palabras de Sergio, Gabriel y Luis Fernando tienen un punto en común: el turismo puede convertirse en una manera de mostrar las riquezas naturales y culturales del campo, pero también requiere corresponsabilidad por parte de quienes llegan. El atractivo del Valle de las Cascadas no está solamente en el agua que cae por las montañas, sino en todo lo que existe alrededor: las veredas, los caminos, la agricultura, los habitantes y las historias que construyen la identidad de este territorio.
El cañón del río Santo Domingo ofrece precisamente ese contraste. Las fuertes pendientes, las montañas y la presencia de múltiples fuentes de agua forman un paisaje que ha convertido al Valle de las Cascadas en un destino para quienes buscan experiencias de naturaleza. La zona también registra presencia de especies de fauna silvestre como tití, guagua, cusumbo, conejo de monte y mono aullador, entre otras.
Pero detrás de cada recorrido hay personas como ellos, quienes desde diferentes lugares aportan a que estos espacios sean conocidos. Uno desde el senderismo y la promoción del territorio; otro desde la combinación de agricultura y guía local; y otro desde la invitación a descubrir las cascadas de la vereda donde habita.
Así, el turismo rural en El Carmen de Viboral cuenta una historia que va más allá de llegar, tomar una fotografía y regresar. Se trata de recorrer el territorio, conocer a quienes lo habitan, valorar sus actividades y entender que cada paisaje también hace parte de una comunidad.

En el Valle de las Cascadas, la invitación de sus habitantes es sencilla: llegar, caminar, disfrutar del agua y la montaña, pero también llevarse consigo la responsabilidad de conservar aquello que hizo especial el viaje.

